31 de enero de 2014

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Miente poeta



Miente
Miente hermosamente
Poeta
Dile todo aquello
Que sin razón 
Te pesa

Acércate a su oído
Hazle saber 
Por medio de tu querer
Lo que por ella hiciste
O dejaste de hacer

Enamórala
Sin acudir a tus versos
Sin necesitar argumentos
Plasma en su mente realidad
Coméntale de tu incapacidad
Para hablar

Llora
Arrepentido de tu escritura
Que buscaste sin cordura
Intentar entender
Lo inentendible
Mediante el papel

Pide disculpas
Por esas oportunidades
Que dejaste ir sin mas
Por cada lagrima
Que le hiciste derramar

Por tu poesía
Por su amor
No te dejes caer
En esta desolación 

Encarcelado en palabras
Que no dicen
Ni muestran nada
No sirve estar atado
A veces, esos versos
Deben quedar a un lado

Miente
Miente hermosamente
Poeta
Porque en tu mentira
Brilla una luz 
Luz que refleja un poco de amor
Y otro poco
Desesperación

Lucas Gadea

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28 de enero de 2014

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Gracias Papá.



Me dijo un día mi padre,
hija mía, ¡ven aquí¡,
quiero tenerte muy cerca
ven.. y siéntate en mi.

Y me senté junto a  aquél
que fue mi sol cuando niña
y es aún todavía, quien enciende
luz en mi, y llena de amor mi vida.

Pues bien sentada a su lado, charlando mi padre conmigo conversación de mayor esto es lo que me dijo y guardo en mi corazón;
No se los años que  estaré contigo, ni sé el sendero que andarás  después, pero quiero que sepas que siempre existe un renacer.
La vida pequeña mía, es camino que comienza al nacer y termina en el momento en que el ser, desea volver.
Pero Papá (dije yo),¿quién quiere irse de aquí?, yo deseo estar contigo, quiero que me cuides siempre,
que conozcas a mis hijos y sonrías al notar que tu niña chiquitita ¡grande se te hizo ya¡.

Eso que deseas mi niña,
(muy tiernamente me dijo),
tan solo es el Dios del Cielo
el que debe decidirlo...
pero, si me marcho antes
de ver todo lo que has hecho
búscame siempre allá arriba
en el lugar mas chiquito..
¡pues desde la madrugada,
hasta el ocaso mas frio
estará esta mi alma...
¡eternamente contigo ¡.

Y se me marchó mi padre, siendo yo aún muy niña, y miro hacia los cielos y recordando recuerdos...
¡veo su ser en el mio ¡.


Julia Orozco.
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24 de enero de 2014

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Amanecer


"Corrí todo lo rápido que pude, como un galgo que acababa de comprender la intención de sus amos. Caí rendido, y sin aliento pasaron incontables horas. En un lento proceso pude sentir cómo crecían raíces de mis patas inmóviles. Entonces creí ser un árbol robusto y sereno. Podía hablar con la tierra y compartir con ella los rayos de Sol y el agua de la lluvia. Me ofrecía sus nutrientes y yo la acariciaba con mis hojas, ayudado por las aves a las que abrigaba. Un día llegaron sierras, excavadoras y mantos de asfalto lapidario para dar paso a una nueva autovía. Fui desgarrado definitivamente. Desconozco cuánto tiempo pasó. Solo sé que, antes incluso de mirar, debía levantar el vuelo. Con las otras aves observé los hermosos paisajes, disfruté las emocionantes artes del cortejo y me entregué a los vientos y sus caídas. Hasta que aquel certero estruendo trajo un silbido que ardía sin remedio. Pasó otra larga noche hasta que desperté entre pétalos que rebosaban color y estambres de delicia escondida. Una tarde fatídica, enredada en juegos de niño que no comprendí, acabé desgarrando parte de mi cuerpo. Ahora solo siento el frescor en mi pie derecho, que asoma insolente y sin sábana. Todo lo demás se fue contigo"


Andoni del Barrio
http://triverso.blogspot.com.es/
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19 de enero de 2014

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Nueve veces Verónica





Era la tarde de Halloween, las tres chicas habían estado planeando ese momento durante días. Estaban reunidas en la casa de Tiara tal cual lo acordado, y se encontraban solas, ya que la madre en ese horario iba al gym y su padre trabajaba hasta tarde.
Desde que conocieran vía internet la leyenda urbana “9 veces Verónica”, tenían la idea de llevarla a la práctica. En el fondo, no creían que pudiera ser real, sólo era una excusa para divertirse y tener una experiencia a tono con la noche de brujas.
Una de ellas comentó el hecho de que en la religión católica se suelen rezar novenas, y que en la “Divina Comedia” de Dante hay nueve círculos para el infierno y otros tantos para el purgatorio y para el cielo. Este comentario pretendía darle algún sentido a la leyenda, que consiste en que si una persona pronuncia nueve veces el nombre “Verónica” frente a un espejo, una chica ya fallecida, que en vida supo llamarse así, se hará presente. Al parecer, la tal Verónica habría estado jugando al juego de la copa con sus amigas, y durante esa sesión espiritista se burló, lo que provocó que una silla volara y la golpeara de muerte en la cabeza.
Ahora, ellas tres se disponían a hacer algo parecido, participar de una sesión espiritista; sólo que en lugar de hacerlo en torno a una copa, lo harían frente a un espejo. Esperaron a que fuera de noche y se pararon frente al espejo. Tiara, como anfitriona, fue la elegida para recitar nueve veces ese nombre, que en el Antiguo Testamento de la Biblia remite a una heroína judía. El ambiente estaba casi a oscuras, la única iluminación era proporcionada por una vela, que era sostenida por la propia Tiara. No pasó nada, excepto por una madera del mobiliario hogareño que crujió y provocó la hilaridad de las tres amigas. Unos minutos después, llegó la madre de Tiara y, tras un rato que duró la despedida, sus dos amigas se marcharon a sus casas. El resto de la noche fue normal. Una vez que el padre de Tiara se hizo presente en el hogar, la familia cenó como siempre. Más tarde se fueron a dormir.
Ya en su cuarto, Tiara tenía ese nerviosismo que suele dar cuando alguien estuvo involucrado en una práctica paranormal, aunque haya sido un juego. Es como que no podía sacar de su mente el nombre “Verónica” y el espejo. Pasó más de una hora dando vueltas en la cama, sin poder conciliar el sueño, hasta que se levantó y fue al baño a orinar. Se estaba lavando las manos cuando el silencio y esa atmósfera tan propia de la madrugada la indujeron a repetir el ritual; la soledad adicionaba una cuota extra de ansiedad y escalofríos. Pronunció nueve veces “Verónica” frente al espejo. Tras ella, apareció la imagen de una chica con sangre y expresión de espanto en el rostro. Entonces, su ansiedad se incrementó, no podía respirar y se desmayó.
A su madre le tocó hallarla sin vida en el piso del baño. Al desmayarse, Tiara había golpeado su cabeza contra el borde de la bañera, y como si se tratara de una réplica de Verónica, tenía sangre y expresión de espanto en el rostro.

Autor: Luciano Doti
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17 de enero de 2014

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Silencio


Ella estaba de pie del otro lado de la avenida aguardando que el tráfico se detuviera para poder cruzar, cuando lo vio allí: distraídos sus ojos marrones miraban los coches pasar, sin darse cuenta que ella estaba por ir al encuentro de sus fornidos brazos, de su piel blanca y brillante. Sintió un cosquilleo que recorrió su espina dorsal y terminó en la nuca, se decidió a cruzar y lanzarse sobre él, con todo el amor que le tenía desde el primer día que lo vio. Corrió desaforadamente y se echó a su encuentro. Un golpe muy grosero fue arrojarse sobre él, parecía que estaba simulando una embestida como si quisiera detenerlo quién sabe de qué. Ella ya estaba entre sus brazos y la desesperación que la había invadido en ese momento parecía desvanecerse al sentir su calor: siempre sentía lo mismo a su lado, ese cosquilleo interior y la sensación de estar en el lugar donde siempre quiso estar.

Pudo darse cuenta entonces que la pequeña distancia que los separaba minutos antes no podía mantenerla alejada del hombre que amaba tan apasionadamente, seguía aferrada a su figura y esperaba que él se sorprendiera como siempre lo hacía cuando ella se arrojaba tempestuosamente sobre sus brazos, acariciándole los cabellos suavemente y tratando de calmar su ímpetu. Sin embargo, no escuchó su voz tranquilizándola, fue sintiendo de a poco cómo el calor de sus cuerpos tocándose iba desvaneciéndose y apagándose lenta y extrañamente, aunque el cosquilleo y la piel de gallina seguían poseyéndola como todas las demás sensaciones que ese hombre despertaba en su cuerpo.

De repente, notó que al igual que su amado, el silencio había tomado por sorpresa todo su entorno: una calle totalmente poblada, con automóviles transitando y gente hablando de quién sabe qué temas por las veredas, los gritos característicos de cualquier gran ciudad estaba ausente en ese momento en que ella se mantenía con los ojos bien cerrados y apretujando el torso de él. El silencio le dio más miedo que cualquier otra sensación que estaba atravesando hasta el momento. Estaba abrazada a él, pero lo sentía más lejos que cuando lo tenía del otro lado de la avenida, quizás había hecho algo malo y su energía transmitía ese rechazo… pero no quería abrir los ojos para averiguarlo.

Cuando ya fue extraño a su tacto, tuvo que abrir los ojos y descubrir qué le estaba pasando a su amor. Y la estúpida idea que rondaba en su mente se hizo clara en el silencio de todas las cosas que la rodeaban: no podía oír ni su propia respiración. Solamente al principio sintió una lágrima cálida que se fue enfriando hasta evaporarse en su mejilla cuando irguió su rostro para verlo a los ojos, pero descubrió que no la miraba a ella sino que observaba abstraído en otra dirección. Parecía que algo le llamaba la atención en medio de la avenida y por alguna extraña razón no podía voltear a ver qué era. Sus ojos poco a poco fueron perdiendo su brillo particular. Su visión se fue nublando, los rasgos distintivos de las personas y de las cosas se empezaban a desvanecer como si todo en su vida se desdibujara. Él ya no se parecía al hombre del que alguna vez se enamoró, su figura era la de un maniquí de cualquier vidriera de tienda de ropa, solamente era un prototipo recubierto de piel, sin ojos, nariz, textura, sin boca, labios, cabellos… olvidó de repente cómo era que él se veía, hasta que la luz comenzó a hacerse más intensa, y empezó a cegarla. Sus manos buscaban tocarlo una última vez antes de comenzar su viaje nuevamente, pero solamente encontró silencio.

Y el silencio se la llevó consigo. 

http://sobras-cumbres.blogspot.com.ar/
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6 de enero de 2014

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Jauría urbana


Se mueven como en jaurías dispuestas a cazar. En intervalos de minutos entre colores, se unen en un círculo de comandos verbales que desatan en acciones en cuanto el carmesí baña los cristales.

Es en ese momento que avanzan amenazantes en grupos de seis u ocho, evadiendo los obstáculos e ignorando los denodados esfuerzos que sus víctimas hacen para mantenerlos alejados.

Ellos muestran sus dientes quebrados de tanta batalla, sus alientos espesos y uñas afiladas que rasguñan las pieles brillantes de aquellos que se ven obligados a no avanzar, a permanecer en un sitio peligroso donde nadie más puede defenderlos.

La espuma brota de sus manos y al abalanzarse sobre sus presas esgrimen las armas con las que suelen atacar.

Una de sus víctimas se indigna, le grita a voz en cuello un NO grande que es ayudado por gestos de sus manos. El atacante lo ignora, hace que no escucha, se abalanza sobre el parabrisas y lo riega con un líquido espumosos mezcla de jabón, orín y agua estancada recogida de la calle.

La luz carmesí no cambia y mientras con una mano comienza a pasar el secador sobre el otrora impecable parabrisas, su otra mano sosteniendo un manojo de llaves se apoya sobre el capot a punto de rallarlo.

Su mirada se ocupa más de ver si su víctima toma algo de dinero para darle, e incluso si le pareciera insuficiente la mano deslizará las llaves profundamente hasta encontrar el color base de la chapa desnuda oculta bajo siete capas de impecable pintura.

Los aullido los comunican y las miradas indican que el tiempo del semáforo está llegando a su fin, es hora de recolectar o castigar.

El hombre del NO se ofusca, lo increpa profusamente y amenaza con irse a las manos. El atacante cesa en su acción pero deja el líquido sucio embadurnando el campo visual mientras acusa a los gritos al conductor que se preocupa por la integridad de su auto más que por la de su propio físico.

-Pobrecito !!- clama una mujer mayor que mira el espectáculo desde la vereda- no ven que son chicos pobres, que lo único que quieren es trabajar?-

Dos autos atrás otro miembro de la camada logra abrir una puerta trasera y hacerse de un bolso de mano con el que sale a la carrera entre los autos sin mirar atrás, allí donde el conductor no se anima a bajar.

Cuatro rodean el auto de una joven mujer sola. Le piden dinero, intentan abrir las puertas, se plantan frente a ella con la amenaza de no dejarla avanzar si no deja su dinero, un beso o parte de su sexualidad.

Minetras tanto otro de los lobos continúa trepado sobre la rueda de una camioneta amenazando al conductor con su pomo de carnaval orientado al lavado y el secador de dos mangos próximo al final de sus días útiles de trabajo.
El conductor lo asusta moviendo la rueda para hacerlo caer, pero con tan mal tino que la ventanilla del acompañante medianamente baja permite que un envío lleno de venganza y agua chocolatada llegue hasta su novia y arruine un vestido blanco y una tarde soñada.

El atacante huye, se mezcla con sus iguales y muestra sus dientes custodiado por la manada.

El semáforo ha cambiado.

Es hora de reorganizar el ataque.

http://www.cuentossinrumbo.blogspot.com.ar/
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4 de enero de 2014

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Noche de enero


Aquella noche de pleno verano, entre el calor agobiante de enero y la ansiedad que generaba lo secreto y esperado, un ruido sobre el techo de chapa de la casa de mi abuela, me sobresaltó. Acabé despertándome y no pude volver a dormirme. Di vueltas y vueltas en aquella cama, de bello bronce reluciente. Con un ojo cerrado y otro semi-abierto para poder espiar, divisé a través del vidrio de la puerta de la habitación, la que daba a la larga galería perfumada con "jazmín del país", unas sombras moviéndose. ¡Son ellos! me dije, ¡Ya llegan! Y con los nueve primorosos años a cuestas, vi camellos, en espaldas humanas cargadas con bolsas de juguetes, no advertí el cántaro que aún guardaba el agua que los animales no bebieron, menos los yuyitos cortados por la tarde, con ayuda de un tío bueno, ya mustios. Sólo vi paquetes y bolsas y unas sombras que se alejaban. La inocencia de la niñez me hizo ver lo que esperaba ver. Volví a la cama y con una sonrisa amplia que poco a poco fue desdibujándose de mi rostro, me dormí profundamente, hasta que el alboroto de mis hermanitos, en la mañana siguiente, me anunció que los Reyes Magos habían pasado.


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2 de enero de 2014

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Ah...alma mia.

 
Estaba un día cualquiera de cualquier mes sentada, no hacia nada aquella mañana...tan solo pensaba, y en sus pensamientos acudían imágenes de su vida como viejo viento.
Recordaba en retazos de suave seda, su vida de joven su primera cita, su primer amor aquel primer beso que sello sus labios de loca pasión. Ah, si, recordaba tantas mañanas, tantas que a su memoria acudían como pétalos de rosas frescas y llenas de olor a perfume exquisito, y fue ese perfume el que de pronto al recordarlo paró su oleaje de pensamientos y quedo su mente callada...como si no estuviera como si ya no fuera....
De pronto llegaron de nuevo, sus ojos llorosos, su mente cubierta de eternas mañanas vividas al sol, ah, aquel perfume de rosas que cubrieron su traje de novia, el mismo que llego con el nacimiento de su primer hijo ah...¡mis rosas ¡.
Levanto la vista hasta su rosal, aquel que por siempre le hacia recordar todo lo bello que momento a momento había llegado a su vida como por azar. . .¡a esa su vida...¡la vivida ya ¡.Marcho del sillón que la cobijaba y tomo entre sus manos su vida pasada, miro aquellas fotos que siempre guardaba en aquel cajón de su cajonera que tanto mimaba. Se vio de pequeña y rió al verse, miro cuando joven su primer pretendiente y se vio mayor con cara arrugada, sin fuerzas, sin ganas sin una sonrisa que ya la aliviara. Se puso muy triste, lloraron sus ojos y su alma pura como si ya vieja apenas sufriera...apenas llorara....
Ah alma de mi vida (le dijo en susurro),¿como es que no lloras cuando lloran mis ojos?
Y en amor muy tierno, con purita calma, con luz infinita le dijo su ala;
Luz grande e inmensa, alma de los cielos ternura y amor que te dieron ellos...escucha mi amada y escúchame bien eres luz de cielo anhelos y bien..
eres como arroyo bailando entre rocas,
como rio claro que en el, desemboca,
eres ese cielo que siempre da luz...
eres y serás, el ser que ya fuiste y aquel que vendrá...
Escucho su alma con dulce cadencia, era, ¡como si llegaran millones de estrellas, luces de colores rios de azucenas ¡millones de flores¡ y sol, en primavera...
Y se vio tan joven tan guapa y tan llena...que con gran sonrisa dio gracias a la vida por haber sido ella.....
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