23 de enero de 2015

el comentario 4 comentarios

No son muchos


Cristina cerró con fuerza la puerta de su taquilla. Notó como la indignación le recorría el cuerpo como una descarga eléctrica. Era imposible. Con lo cerca que estaban de conseguir resultados. Cogió su bata, salió del vestuario y con paso firme se dirigió a la quinta planta. Recorrió el hall de la entrada y se fue con decisión hacia el despacho principal, ignorando por el camino las preguntas del secretario. Agarró el pomo de la puerta y, tras darle un empellón a la misma, irrumpió en el despacho.

-¿ Cómo te atreves a cancelar el proyecto ? ¡Estamos muy cerca! - bramó Cristina iracunda a un pequeño hombrecillo menudo y con gafas que estaba sentado detrás del escritorio.

-Tranquilo, Javier – contestó el hombrecillo al tiempo que hacia un gesto con la mano al secretario que estaba detrás de la mujer – Puedes irte. Buenos días, doctora Morales. ¿Qué puedo hacer por usted? - terminó de decir.

-¿Y tienes la desfachatez de preguntármelo?¡Impedir que la comunidad cancele el proyecto! Estamos obteniendo muy buenos resultados con las ratas. En 6 meses queríamos empezar a hacer un ensayo clínico con humanos –

-Yo no he cancelado el proyecto, Cristina. Me he opuesto enérgicamente a la decisión del consejero de salud –

-Eso seguro. Todos sois iguales. En cuanto os convertís en gerentes os hacéis fríos como el hielo. A saber que te habrán dado a cambio –

-No he recibido nada. Es más, les he dicho que dimitiría si cancelaban tu proyecto. No me han hecho caso y he presentado mi dimisión –

Ambos se quedaron callados. Tras unos instantes, Cristina habló de nuevo.

-Lo siento, no lo sabia – se disculpó Cristina - ¡Qué estúpida me siento! -

-Tranquila, no te preocupes. Yo hubiera reaccionado igual –

-Y ahora, ¿Qué podemos hacer? -

Su interlocutor se encogió de hombros y se quedaron de nuevo en silencio.

Un año exacto después de aquel día, Cristina se estaba terminando de vestir. Hoy sería uno de los días más importantes de su vida. Tomo un café sólo, cogió su portátil y salió de la casa como alma que lleva el diablo.

Entró en el auditorio que estaba lleno a rebosar. Numerosos medios de comunicación habían pedido acreditación. Nunca le había gustado hablar en público. Sus manos sudorosas y palpitaciones daban fe de ello. Después de preparar el ordenador se acercó al estrado y comenzó a hablar.

-Buenos días y gracias a todos por venir. Hoy vengo en representación de todos los investigadores de este proyecto, cuyos grandes resultados han llegado a pesar de la consejería de salud.– dijo Cristina – Si, han oído bien. A pesar de la consejería de salud de la comunidad porque en el momento clave de la investigación y cuando mejor pronostico tenía, cancelaron nuestro proyecto. Hemos podido seguir gracias a la donación anónima y altruista de un benefactor que desea permanecer en el anonimato –

El murmullo general fue en aumento. Los fotógrafos se pusieron en la primera fila y sacaron planos de los gestos cariacontecidos de la primera plana de políticos.

- Señoras y señores, en España al año nacen mas de 400 niños varones con hemofilia. La población de esta enfermedad en el país supera las 8000 individuos. No son muchos, es cierto. Pero para nosotros son demasiado importantes como para dejarlos en la cuneta. Después de años de estudio hemos conseguido erradicar y detener los efectos adversos que tiene la hemofilia en humanos –

Los flashes de los fotógrafos se giraron hacia ella y empezaron a dispararse.

-Para aumentar las posibilidades de ahondar en esta investigación dentro de unos quince minutos en los principales idiomas estarán disponibles en nuestra web todos los datos. Nuestro benefactor desea que todo el mundo tenga acceso a ellos para que así aumenten las líneas de investigación. Y nosotros, conmigo como jefa de proyecto, estamos radicalmente de acuerdo. Gracias y buenos días – termino de decir Cristina mientras empezaba a recoger el ordenador bajo una nube de preguntas y periodistas a su alrededor. -

El sol bañaba su rostro. Miró la placidez del mar en calma. Mientras saboreaba su tostada de jamón, Cristina abrió el correo desde su teléfono. Estaba radiante. Desde que acabaran su investigación se habían abierto cerca de 80 líneas de investigación en todo el mundo. Llevaba, desde aquella rueda de prensa, contestando todos los días una media de 180 emails. Era su madre, sólo quería saber como estaba. Después de responderlo, Cristina sonrió. Estaba bien. Más que bien. Era feliz y su trabajo estaba ayudando a mucha gente. No le podía pedir más a la vida.

Francis Merchan

http://franciscomerchan.blogspot.com.es/

4 comentarios:

  1. Muy buen trabajo Francis !

    Tiene una estructura impecable, un ritmo constante y está muy bien desarrollado.

    Tengo pruebas fehacientes de que existen personas así, pero como usted titula, no son muchos.

    Al texto tal vez le haría falta un poco más de drama y un final inesperado.

    Abrazo.

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  2. Muchas gracias por los comentarios y sobretodo gracias por el consejo. Es un honor que alguien se moleste en leer algo que has escrito. Espero que os gusten los siguientes trocitos de mi joven obra. Un saludo y nuevamente gracias

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  3. Genial! Pude imaginar muy bien todo el relato por la claridad con la que escribis, sin perder de vista el complemento poético. Muy lindo!

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