15 de enero de 2015

el comentario 9 comentarios

Tango y Patria



Y yo me hice en tangos,
me fui modelando en barro, en miseria,
en las amarguras que da la pobreza,
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
y yo me hice en tangos porque...
porque el tango es macho,
porque el tango es fuerte,
tiene olor a vida,
tiene gusto... a muerte.

Celedonio Esteban Flores


Escucháme, César, yo no sé por dónde andarás ahora, pero cómo me gustaría que leyeras esto. Hay cosas, palabras, que uno lleva mordidas y las lleva toda la vida, hasta que uno siente que debe escribirlas, decírselas a alguien...
Yo sabía cuánto la deseabas, y también supe cómo fue muriendo en ella lo que sentía por vos. Fue a causa del tercero que se metió para joderlo todo. Supe... lo supe desde el comienzo.
Hoy quiero contártelo. Esa chirusa vestida de negro me espera en la yeca, está ansiosa por llevarme no sé a qué tugurio impregnado de olor a pucho y ginebra. Y tengo poco tiempo, chabón.
En este miserable cafetín de tango, el que da sobre la calle Piedras, en la misma mesa en la que estoy sentado, aquí comenzó todo. Él la invitó a bailar, ella aceptó, linda papusa vestida de negro y con soguín rojo resaltándole el cogote. Bailaron un cuatro por cuatro.
–"¿Por qué le pusieron "El choclo"? _ dijo ella.
–"No es por el maíz, pebeta, es por el bailongo.".
A él le gustaban las minas, pero no cualquier mina, pibas de barrio, cuanto más mistongas, mejor. Y las hundía hasta la más honda lujuria buscando satisfacer cada preferencia. Si ellas querían ser reinas, él las hacía reinas, pero a cambio exigía boleto de pertenencia.
Así fue como un día se le cruzó Estercita, ¡qué pipiola la Estercita! Ya era reina por sí, por naturaleza, pero el hombre se la chamuyó lindo, la trabajó de tal modo que ella pensó que sólo sería reina a su lado, y sin él sólo un pedazo de bosta.
A las dos semanas ya estaban revolcándose en una amoblada polvorosa, con sábanas usadas y estufa a querosén.
Ella le creyó todo. Pronto le prometió que iba a ser "su" puta, la mejor que había tenido nunca. Él la obligó a teñirse las crenchas de rubio y a pintarse la jeta de rojo.
Todo placer, hermano, todo placer. Mientras los negros afuera se reventaban las tripas de hambre y desesperación. Él alcanzó a escucharlos en medio de un orgasmo. Después la miró, y descubrió que ella podía ser algo más que una puta.
Entonces sacó de abajo de la cama su gorra de milico, le levantó el pelo y se la puso.
–Mi Capitana de puta madre –dijo. Ella sonreía.
Fue poco el tiempo en que pudo pasearla en coches lujosos y en palcos, para enardecimiento de los cabecitas. Porque la masa hambruna la querían para ellos, "Mi Capitana" la llamaban.
El chabón se disgustó un día. Ella era y debía ser para él por siempre.
Entonces la encerró en una habitación, pero de lujo, che. La peinó con el pelo amarillo tirante para atrás con un rodete, y le puso un trajecito sastre achicándole las carnes de la cintura. Ella sonreía…no sabía.
Le gustaba que él le pintara la uñas de rojo, le gustaba usar alhajas. Pero también le gustaba hablarles a los negritos desde el balcón. ¡qué gran error!... Eso no, carajo, eso no.
Fue así que terminó su obra de arte para él solo. Le cosió los labios con hilo grueso hasta dejarla muda. La sentó en un sillón de terciopelo y encendió una lámpara de aceite a su lado. Ella ya no se movió nunca más.
¿Que si así termina la historia, César? No, hermano, falta. Me tengo que apurar porque esta mina que me espera vestida de negro me dijo que me tiene un lugar en la Chacarita. Y después de pedirme que le haga el amor, la muy puta me va a terminar llevando nomás.
Me queda sólo un minuto. Te tengo que pedir un favor. Escucháme:
Después de que la Estercita se me quedó muda para siempre, no pude rajarme del asedio de los cabecitas. La querían, la quieren, no se la olvidan, carajo. Y yo ya no la puedo esconder más.
¡Ya viene, ya entra y ya me lleva...! Por favor, César, te la dejo a la Estercita sentada en el sillón; dale una manito de barniz porque ya está muy descangallada la pobre, aunque mantiene eternos sus treinta y pico de pirulos y su sonrisa de Capitana. También te dejo mi gorra de milico. Eso sí, nunca dejes que algunas putas quieran ocupar su lugar… Estercita hay una sola!
Dale todo a los cabecitas, ponéles a la Estercita de lejos, como si estuviera viva, ponéle en la cabeza mi gorra de milico.
Tal vez así dejen de gritar por su presencia. Tal vez así yo pueda descansar en paz.

Maria Luz Brambilla

El choclo de Enrique Santos Discepolo formato cine con Tita Merello.


http://libretadecuentos.blogspot.com.ar/

9 comentarios:

  1. Espectacular relato !!!

    Muy bueno, atrapante en todo aspecto y con un detalle de cuidado lunfardo en cada oración.

    Fuerte en el relato, tremendo en el desarrollo y la culminación.

    Me ha encantado.

    Cariños.

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    Respuestas
    1. Muchas Gracias. Sali de la poesia jaja Saludos!!

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  2. Excelente escrito, felicitaciones.
    Saludos.

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  3. ¡¿Y todavía quería paz el hombre?! Me sorprendió el escrito, me encantó el lenguaje utilizado y la manera en que está narrado.. ¡Muchos saludos!! ;)

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    Respuestas
    1. Tome algunas clases de lunfardo para que cada palabra sea correcta. Gracias Fritzy saludos!

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  4. Buenísimo relato! Las letras de Celedonio Esteban le dan una introducción perfecta. Creo que tomaré unas cuantas clases de lunfardo solo por el gusto.

    Saludos desde por acá.

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  5. ¡¡Te pasaste!!, a mí me entrampaste de entrada nomás con el Negro Cele y batiste de prima el entrevero, la mina diquera, el dueño del circo y la gilada.

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  6. Me ha gustado mucho; felicidades. ;;-)

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