8 de febrero de 2015

el comentario 7 comentarios

Mi última carta


MI ÚLTIMA CARTA, acerté leer en un viejo cuaderno cubierto de polvo y telarañas, la tarde que me armé de valor para entrar al desván y poner un poco de orden entre todos los trastos que se acumulaban, recuerdos y descuidos de, imagino varios de los inquilinos que habían habitado anteriormente la casa.
Decidí empezar por uno de los extremos del destartalado cuarto, sufriendo el bochornoso y denso aire que se respiraba bajo un techo de madera carcomida, cuando a la altura de mi cabeza descubrí un hueco entre la pared y una de las bigas del tejado y allí, como camuflado entre cientos de cosas estaba el cuaderno, algo me empujó a interesarme por él, quedaban los restos de decenas de páginas arrancadas y en la primera hoja entera, escrito con una delicada y redondeada letra, en mayúsculas: MI ÚLTIMA CARTA.
Creo que me olvidé por completo de lo que allí había ido a hacer y me senté en el suelo, curiosa, a leer lo que venía a continuación:
"Estoy convencida que esta será mi última oportunidad para que alguien sepa qué fue de mi, aunque nadie acierte adivinar quien soy en realidad, seguramente eso ya de nada importe." 
Las dos primera líneas me cautivaron y, aún sabiendo que quizás invadía la intimidad de aquella mujer, no pude evitar proseguir con la lectura, autoconvenciéndome de que si ahora ésta era mi casa y alguien había olvidado sus cosas allí, en cierto modo me pertenecían.
"Sé que será inevitable que esto suceda una y otra vez, hasta el fin de la existencia del hombre, y de la mujer, pero aún así me gustaría que las muchachitas de mi país, y de tantos otros, conocieran mi historia y no cometieran el mismo error que cometí siendo tan solo una niña. Posiblemente de nada sirva éste, que me temo será mi último escrito. Quizás algunas estamos predestinadas a vivir semejante infierno... al fin y al cabo, me siento una estúpida, pues no es de hoy que descubrí a quién le confié mi vida y, lo que es peor, la vida de mis pequeños. Estoy abatida pero sobretodo, furiosa conmigo misma.
Recuerdo como si fuera ayer, la primera vez que apareció con su lujoso carro en la escuela, era como los galanes de las novelas, guapo, fuerte, tan elegante... tal vez el único pasaje hacia una vida mejor, pensé. Mi papá abandonó a mi mamá poco después de mi quinto cumpleaños y los pocos ingresos de mamá no alcanzaban para casi nada... solíamos compartir un pedazo de pan con mis hermanos para no irnos a la cama sin probar bocado. Cuando empecé a ir al liceo, vi una salida acompañando a algunos señores a fiestas y dejando que me hicieran algunas cosas de las que hoy no se si me avergüenzo, aunque si me producen lástima pues pronto, supe que no me gustaba hacer eso que a menudo se convertía en nuestro único modo de subsistencia.
El señor Conde venía a la escuela todos los viernes, solía aparecer con su chofer y marchaba con un par de chicas de cursos superiores. Se rumoreaba sobre las intenciones del señor pero yo no hacía caso a habladurías, a mi me parecía un caballero y las muchachas parecían contentas, el señor Conde les había comprado vestidos, zapatos nuevos e incluso alguna joya muy brillante!
El día que me recogió cuando volvía a casa pensé que por fin me tocaba a mí y supe que aquel día cambiaría mi vida. Era tan apuesto de cerca... A partir de entonces me acompañó a casa todos los días, me hacía regalos, me traía flores e, inevitablemente, a mis tiernos dieciséis me enamoré de él, veinte años mayor que yo."
La lectura me tenía cada vez más atrapada, como en una novela de las buenas. La luz era cada vez más tenue y caí en la cuenta de que debía bajar a la casa con mi familia. Guardé el cuaderno, envuelto en un pedazo de trapo y volví a guardarlo bajo la misma biga en la que lo encontré.
Al día siguiente, y durante todas las tardes de aquella semana, volví al desván como si de una cita con aquella misteriosa mujer se tratara. 
" A principios de verano, un mes después de que cruzáramos las primeras palabras me propuso irme con él a los Estados Unidos, pues tenía unos negocios y me aseguró que allí podríamos construir una vida juntos, lejos de habladurías y donde me prometió darme todo lo que deseara. No negaré que no dudé más que unos minutos por la tristeza de abandonar mi familia pero la juventud y el deseo de pasar cada segundo a su lado, colmada de amor y caprichos me empujaron, visto desde la madurez de hoy, a cometer el mayor error de mi vida.
A la llegada al nuevo continente, pronto las cosas dejaron de ser exactamente como las imaginé pero me repetía, para aliviar mi tristeza, que estaba ocupado y que hacía lo que podía... Me castigaría a mi misma, por ilusa, cada vez que recuerdo el día que bajé al salón y le encontré casi en cueros y embriagado , tomando vino con dos jóvenes americanas. Aquella noche, preparé de nuevo mi maleta dispuesta a regresar de vuelta a casa sin saber cómo, sin un centavo en el bolsillo pero me detuvo, me pidió mil veces perdón y me propuso matrimonio. Le creí como una tonta y acepté.
Durante unos meses volvió a ser el señor Conde que me robó el sueño durante tantas madrugadas e hizo realidad mi particular cuento de hadas. Puso a mi disposición maestros y asesores para, según él, convertirme en una dama. Realmente, aquel tiempo creí que todo había cambiado, viajes, joyas, fiestas y lujos me alejaron día a día de la realidad, hasta que una madrugada, durante las vacaciones del 86, mientras dormíamos en un precioso velero que recién había comprado, la policía irrumpió, registraron cada rincón del barco y enmanillados, nos montaron en distintos coches. Pasé unas horas horribles, en la comisaría, sin tener ni idea de lo que estaba pasando y, en la misma ignorancia viví durante mucho tiempo, pues tras unas horas retenida, Manuel, el chófer, visiblemente desaliñado y con barba de varios días, vino a buscarme, me acompañó al aeropuerto y entregándome un pasaje de ida, me ordenó que volviera a casa con mi familia y me recomendó que no hablara con nadie de lo que había pasado ni dónde había estado.
Pasaron dos años hasta que no volví a saber de mi, casi desconocido marido. Dos años en los que recordé qué era vivir, volví a cantar por las mañanas, a respirar el cálido soplido de la brisa de mi pueblo , volví a ser dueña de mis decisiones, volví a la libertad, una libertad sencilla, sin lujos pero mía. El reencuentro con mis hermanos y mi mamá, conocer a mis sobrinos, fue el regalo más grande que me habían hecho en mucho tiempo. Una noche, andaba sola por la avenida principal cuando un  carro con vidrios ahumados paró a mi lado, se abrió la puerta y allí estaba de nuevo el hombre con el que me casé! Recuerdo como el corazón me dio un brinco, confundido entre la sorpresa y el miedo. Me había hecho la idea de no volver a verlo, de seguir con mi humilde y tranquila vida pero, al cruzarse mi mirada con la suya supe, a pesar de todo, de sus turbios negocios, de mi desconocimiento... que seguía amándolo, que algo me unía a él y no podía dejarlo marchar.
Volvimos a los Estados Unidos, a otro condado, a una casa algo más modesta pero de nuevo juntos. Nueve meses después nació mi hijo mayor. Poco a poco Ignacio creó un nuevo imperio y yo, centrada en mi pequeño, me hice como si nada supiera, como si nada hubiera pasado e intenté adaptarme a las circunstancias, haciendo oídos sordos con tal de mantener mi familia unida. Él seguía con sus empresas, sus viajes y sus salidas injustificables pero pensando en que mi hijo jamás tuviera que pasar por las penurias que yo pasé callé y soporté todo lo hizo falta.
Transcurrieron varios años hasta que me acostumbré a pasar largas temporadas sola, con mi niñito y el servicio, me fui habituando a vivir sin él excepto cuando venía de visita, se convirtió en un extraño que reclamaba una esposa los días que pasaba en casa. Intenté cumplir con las que, consideré que eran mis obligaciones siempre que regresaba y fruto de ello, nacieron mis otros dos hijos, lo mejor que he tenido.
Con el tiempo y las, cada vez más frecuentes y largas ausencias, de algún modo me hice fuerte y aún siguiendo inexplicablemente enamorada o enganchada a él, no lo sé... era cada vez más consciente de que a pesar de que, materialmente tenía todo lo que cualquiera desearía, me sentía vacía. A la vuelta de uno de sus viajes le expliqué cómo me sentía y creyó que montar un negocio para mí me animaría, pronto me ilusioné con el nuevo proyecto y, como no podía ser de otro modo, gastó miles y miles de dólares para que todo fuera a mi gusto. Por aquel entonces, quise creer que convertir mi sueño de tener una pastelería en realidad, me mostraba lo mucho que aún me amaba, hoy estoy segura que era una artimaña para mantenerme ocupada, callada y quién sabe si también para blanquear el dinero de sus sucios negocios.
Salir a la calle, conocer a otras personas, gente nueva fuera del circulo de sus amistades y colegas me hizo descubrir otra realidad, me acercó a mujeres de mi tiempo, mujeres que vivían en una realidad muy alejada de mi "prisión de oro y brillantes".

Había perdido la cuenta del tiempo que había pasado desde la última vez que se marchó, cuando recibí la llamada de uno de sus hombres de confianza. Algo muy grave debía pasar para que contactara conmigo a aquellas horas de la madrugada... Tomamos café a primera hora de la mañana y me contó que, mi marido llevaba una doble vida, que tenía mujer e hijos en Florida. No sé si me importó demasiado, aunque no fue agradable escuchar la historia, al fin y al cabo, estaba acostumbrada a estar prácticamente sola con mis hijos pero, tengo que reconocer que si fue lo que despertó mi deseo de saber con quién realmente me había casado y ahí se abrió la caja de pandora... ojalá hubiera dejado todo tal y como estaba, ojalá nunca me hubiera casado con él, ojalá jamás le hubiera conocido!!
Encontré de todo tipo de asuntos turbios, armas, drogas, timos... y mucho mucho dinero, cuanto más indagaba, peores cosas encontraba pero lo que realmente me asustó fue ver mi nombre en numerosos documentos, el suyo, no aparecía prácticamente en ninguna parte. Quise correr a la policía pero sentí terror de pensar en la idea que me separaran de mis hijos así que decidí recoger todo lo que pudiera i huir con mis pequeños. Pensé en volver a mi pueblo pero sabía que sería el primer sitio al que acudiría a buscarme así que pensé en ir dirección a Canadá. La aventura duró tan solo unas semanas porque los contactos y el poder del "señor" Conde alcanzaban mucho más allá de lo que podía imaginar... Se llevó a mis hijos y yo tengo más de dos semanas en este desván, acabé una jarra con un poco de agua que encontré en este oscuro y polvoriento  cuarto, lo único que he podido ingerir y por más que grito, no acude nadie, ni siquiera oigo más que algún pajarillo... ya no me alcanzan las fuerzas para más que escribir estas líneas y rezar para que mis hijos no corran la misma suerte.
Si algún día esta carta fuera leída por alguien, si alguien lograra, algún día acertar quién son mis hijos, mi mamá, mis hermanos... sólo díganles que lo siento y que los amo."
No sabría decir el tiempo que pasó hasta que puede articular un solo músculo, las lágrimas resbalaban desconsoladas por mis mejillas ante la triste historia de una mujer desconocida que por superarse, por dar a sus hijos una buena vida, siguió al hombre equivocado y perdió la suya... Únicamente retumbaba en mi cabeza la idea de que algo debía hacer y, desde entonces, intento encontrar a una familia a la que entregarle el mensaje del remitente de SU ÚLTIMA CARTA.

Mynorita

http://mynorita.blogspot.com.es/

7 comentarios:

  1. Felicidades Mynorita, decir que me ha gustado es poco...
    Me ha resultado una lectura ágil aunque reconozco que cuando vi tanto texto estuve a punto de no leerlo.
    Las historias de las vidas ajenas me fascinan.
    Sigue escribiendo así y tendrás en mi a una de tus lectoras favoritas.
    ::-)

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    1. Me alegra que te haya gustado la lectura Inma y muchísimas gracias por tu comentario!!!
      Un abrazo!!

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  2. Ojalá el lector de la carta cumpla su cometido, aunque considerando que no le dejaron muchas pistas no está fácil la tarea. Una lamentable historia. Me ha gustado.

    Saludos desde por acá.

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    1. Lo cierto es que seguramente esta historia no sea la única, ni rara para algunos... ojalá ésta y todas las personas que pasan por situaciones así encontraran su final feliz, pero como bien dices, no es fácil y posiblemente quedaran en el olvido como simples desaparecidos que se apagaron en un desván o en cualquier otro lugar.

      Muchísimas gracias por tu comentario Aldo!!

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  3. Este tipo de situaciones se suceden frecuentemente en esta sociedad, quizás no tan trágicas, pero casi todas acaecidas por la misma necesidad. ¡Muy bueno! Felicitaciones.

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  4. Este tipo de situaciones se suceden frecuentemente en esta sociedad, quizás no tan trágicas, pero casi todas acaecidas por la misma necesidad. ¡Muy bueno! Felicitaciones.

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    1. Me alegra que hayas disfrutado de la lectura Nelvis.
      Te mando un abrazo y mil gracias por tu comentario!!!

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