13 de abril de 2015

el comentario 5 comentarios

Crónica de aquel noviembre


Eran las cinco y media de la tarde y el cielo tenía un color único, ese tono anaranjado fusionado con rosa que hace que las cosas se vuelvan más sentimentales. El Panteón Francés se vestía de colores pintorescos por la celebración del día de muertos. Una niña de seis años se acerca a la tumba más descuidada con un gesto de malestar. La tumba es de su madre, lleva una docena de rosas blancas, las abraza como si fueran su muñeca favorita. La niña se pierde leyendo el contenido de la lápida, le cuesta trabajo, deletrea en voz alta, su voz se quiebra mientras lo hace. A su lado, su padre. La niña llora, el padre consuela. Le da unas palmadas en su pequeña espalda. La niña deposita las flores en el florero de la tumba, su padre las acomoda. La niña y el padre se marchan. “Adiosito” dice la niña.

¿Qué puede significarse un adiosito? Es quizás, un adiós corto con un rencuentro cercano. La gente suele morir de tristeza. Cuando la solución de su enfermedad o problema ganan, es ahí cuando la muerte toca la puerta.

En un costado de la tumba de la madre suicida, están cuatro personas de pie. Papá, mamá, hijo e hija. No lloran. No muestran ningún sentimiento alguno. Su semblante era frio, como el viento que corrió esa tarde. Le depositaban flores a la abuela. Se notaba que solo acudieron al panteón por compromiso. No estuvieron más de 20 minutos. El celular del padre no cesaba de sonar, hasta que atendió la llamada. Era su jefe. Había una fiesta y el y su mujer tenían que acudir. Era otro compromiso, como el de ir a ver la tumba de su difunta madre el dos de noviembre. El cielo se llena de melancolía, tristeza y dolor. Pareciera que esa tarde de Noviembre los suspiros hablaran, se escucha el eco de un “Te extraño tanto viejita”. La gente llora en silencio, resignados a la partida de sus seres queridos. Se preguntan si la muerte los buscara, o ellos buscaran a la muerte. El olor del aire es dulce amargo, dulce por las flores, amargo por el duelo. Se obscurece y el campo santo pierde su poco brillo.

Katia Avila
http://prefierodejarloenanonimato.blogspot.mx/

5 comentarios:

  1. Me ha gustado el relato. Basta con visitar un cementerio para percatarse de cuánto está presente la muerte en nuestras vidas y convencerse de lo rutinaria que llega a ser. Bonito y triste texto. Saludos desde por acá.

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  2. Muy buen trabajo Katia.

    Todo el texto nos envuelve en un tono gris difícil de lavar.

    Cariños

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  3. Un relato que invita a la reflexión. Gracias por compartirlo.
    ;;-)

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  4. Me han encantado las descripciones, son tan precisas que logran transmitir la melancolía.

    Saludos.

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  5. Un buen repaso al cementerio Katia
    Vida y muerte en actitudes, en sentimientos, en sensaciones que nos hacen humanos
    Me ha gustado tu relato

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