23 de abril de 2015

el comentario 6 comentarios

De cuando reías



Te había escuchado hablar por un rato y, como siempre que lo hacía, me fui alejando cada vez más de todo, siempre un poco más cerca de ese lugar del que nadie sabe volver, o casi nadie. Cerca y lejos no eran más que letras apretadas que intentaban formalizar lo que yo sabía era imposible. Siempre había sido fuera.
Salí del departamento creyendo ir a algún lugar, con una tibia decisión que no era tal, sino más bien una máscara para desdibujar un poco lo que venía flotando hacía mucho, intermitentemente, como un muñequito de plástico que aparece y desaparece en una bañera llena de agua.
Que nos estábamos llegando poco, siendo cada uno la mitad de un alejandrino pero, como excepción a la regla, diferente. Como si los choques se hubiesen limitado a años bisiestos.
Pisando las baldosas de la esquina de la estación de servicio rompí sin querer algunos recuerdos. De cuando el café se enfriaba con las horas y el tiempo se moría con la risa, la tuya o la nuestra, pero nunca la mía.
A veces reías de puras ganas y yo te miraba reír, y entendía que no intentar entender demasiado era la manera con vos. Y si podía, también me reía. Y era ahí cuando reíamos, y hasta las paredes escuchaban, aunque estuvieran ennegrecidas y cansadas de pares desconocidos, siempre escuchaban.
Y cuando volvíamos (ambos sabíamos bien que aquello no era volver, porque nunca los escalones de un hotel fueron los mismos con la luna que nos invitaba que con el sol que nos despedía, casi excusándose por haber salido, pero nunca encontramos otro verbo); cuando volvíamos parecía que habíamos estado fuera mucho tiempo, y que el tiempo ya no se llamaba tiempo, de tantas horas que habían pasado y tanta gente que había pisado las baldosas de la estación de servicio de la esquina del departamento.
Después de algún hotel así dejábamos de saber del otro por completo, y yo generalmente me perdía en trenes casi vacíos, o en estaciones, si nunca llegaba a subir. Y vos, eso no lo sé, pero me imagino que solías pasar las horas sentada en algún banco sin hacer nada, o escondiéndote en las calles oscuras de la ciudad con algún propósito raro, o contando los señores rubios que pasaban frente a vos si es que te sentabas en el banco, o pensando en el próximo hotel. Eso no lo sé. Pero sé qué jugabas con el tiempo (aunque ya no se llamara así), y eso lo hacías bien.
Pero las baldosas también me arrojaron la otra cara de todo aquello, como sin saber que era lo único que nunca se iba. Y decían que es cierto que hubo un hotel que vimos casi sin luna, y eso ya era diferente y me preocupó, más cuando noté que las paredes estaban impolutas. Y cuando no tuviste ganas de reír yo sabía que había más, porque si vos no tenías ganas de reír, no tenías ganas de nada.Y aunque lo escupiste de repente, en una frase sin pausas, como si se te hubiera caído de los labios asemejándose a cualquier hoja, estaba claro que no era así, y que la seguridad impregnaba cada palabra.
Cuando dijiste que ya no tenías ganas de nada el sol estaba preparado para salir un poco antes, el muñequito en la bañera había dejado de flotar, yo bajé las escaleras, que eran las mismas de siempre, pero el tiempo, que ya no se llamaba tiempo, dijo tranquilo que no iba a volver más por ese hotel.
Emilio Rodriguez
http://www.manchonesdegrafito.blogspot.com.ar/

6 comentarios:

  1. Vértigo sería la palabra que más se acerca a lo que siento leyendo tu escrito, tiene una fluidez envidiable, maravilloso. Y al tiempo hay que mandarlo de paseo un rato... Afectuosos saludos!!

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  2. Comparto con Ernesto... me gustó mucho esto Emilio. Un placer leerte....

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  3. La sensación que me queda en el cuerpo después de leer tu texto es señal de que me atrapa.
    Me ha gustado mucho el relato.
    ;;-)

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  4. Me ha gustado mucho su obra.

    Creo que entre tanta poesía hay que recordar la respiración de las frases y la musicalidad de las palabras.

    Un abrazo grande.

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  5. Excelente texto. Habrá que renombrar al tiempo o matarlo con otra risa... Me ha gustado mucho el relato. Saludos desde por acá.

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  6. Felicitaciones, Emilio, por tu narración
    El tiempo, la risa, el recuerdo... en un cóctel perfecto expresado con hermosas palabras.
    Un saludo

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