7 de abril de 2015

el comentario 24 comentarios

Jueves de trampa


Como todos los jueves colocó las luces intermitentes y detuvo el auto a veinte metros después del inicio de la cuadra, justo frente a la antigua casona de ladrillos a la vista estilo normando. Ella le dio un beso apresurado y se preparó a bajar.

No sabía bien el porqué, pero nunca bajaba inmediatamente. Daba la impresión que a último momento se le desbocaban los pensamientos y que los cuarenta minutos insumidos en viaje habían sido apenas un suspiro insuficiente.

Entrenado por lo repetido del asunto, él simplemente dominó su cansancio con mínimas dosis de hastío poniendo su mente en un estado de alerta latente, manteniéndose atento a cualquier cambio que requiriera de su plena atención o significara algún tipo de emergencia.

Por supuesto sabía de qué se trataba todo eso y recurrió a su usual dosis de paciencia.

Había comenzado el día como todo jueves, lleno de expectativas, nuevas ideas lascivas y juegos a probar entre dos. Lo reiterado de la práctica le había enseñado que una semana era el tiempo apropiado para sumar deseos, lubricar la mente y calentar las hormonas hasta el punto en que su mente ahora relajada le permitiera afrontar todo esto: la consecuencia no deseada.

Notó un cambio en la tonalidad y octava en la que se desarrollaba el discurso de su acompañante y prestó un poco más de atención.

No. Nada importante. Algo sobre el hijo y la escuela. Lo usual. Ella le contaba todos sus problemas, pero como cualquier mujer normal, no pretendía escuchar una genial sugerencia de solución de su parte.

Como cualquier alienista que se precie, retornó a su cara de hombre atento dispuesto a prestar sus oídos a toda mujer en desgracia, pero sin descuidar los filtros que le avisaran de cualquier posible amenaza que debiera ser atendida de urgencia.

Ella entreabrió la puerta del acompañante en una promesa de pronto desenlace final, pero así como la había abierto, la volvió a cerrar.

-¿No te parece ?- le dijo ocupando ese minúsculo lapso de atención que le había generado.

Él sabía que estaba escuchando el final de una frase sumamente importante y que corría el riesgo de perder su credibilidad con una respuesta inapropiada a tan extensa explicación.

-Siempre tomaste la mejor decisión en todo ¿no?- respondió a la espera de un resultado favorable o al menos de algún otro dato que lo encaminara hacia la respuesta correcta.

-Tenés razón. No sé por qué me preocupo tanto. Menos mal que vos me contenés. Sos mi cable a tierra... Sos un amor...- dijo ella sin percatarse de la neutralidad del comentario.

Él trató de apresurar el trámite con una sonrisa.

-¿ No te están esperando ?

-No -respondió ella consultando su reloj pulsera- recién son las siete y el tren llega siete y diez. Todavía tengo tiempo... no te preocupes... tengo cuidado. No puedo llegar antes que el tren.- sonrió retribuyéndole.

Y él se puso nuevamente en estado de espera.

Claro que entendía que era parte del trato. Él recibía todo el sexo que ya no le daban y ella la atención que ya no tenía en casa.

Con todas había sido exactamente lo mismo, pero con un trasfondo diferente.

Unas necesitaban un psiquiatra que escuchara lo malo que era el exmarido, otras que no eran comprendidas, las de más allá simplemente sentirse deseadas o, lo más usual, alejarse de los niños y la casa para sentir que la vida todavía les tenía un poco de lujuria reservada.

Él buscaba exactamente lo mismo, pero sin tanta charla y con una mayor proporción de sexo desenfrenado.
Lo que no soportaba era que luego de tantos valles y mesetas, su deseo decayera tanto que esa mujer que estaba a su lado y no se quería bajar, pasara de ser una divertida compañera de juegos a una molestia tan difícil de soportar.

Ella abrió una vez más la puerta y miró los alrededores para confirmar que no había conocidos a la vista.

Ante ese promisorio movimiento él retomó la audición sólo para escuchar un -Vos sabrás lo que vas a hacer- de tono perentorio, y aunque decidió que era necesario preguntar a qué se refería, ya era tarde. Evidentemente, el monólogo había tomado un curso muy diferente del que recordaba.

La puerta se cerró bruscamente y ella comenzó a caminar hacia la próxima esquina.

Él arrancó el auto, quitó las intermitentes y avanzó hasta ponérsele a la par. No quiso bajar el vidrio y preguntarle a qué se refería. Eso pondría al descubierto su juego, su falta de compromiso o ausencia de auténtica preocupación. Simplemente la saludó con un movimiento de mano que el polarizado de la ventanilla impidió se viera desde afuera.

Él aceleró con rumbo hacia su casa, decidido a que mañana la llamaría por teléfono.

Ella dobló en la esquina. Tan sólo le quedaban dos cuadras más para comenzar a preparar la comida.

Y siete días hasta el próximo jueves.


OPin 2015


http://cuentossinrumbo.blogspot.com.ar/

24 comentarios:

  1. :-O ¡Y la fidelidad dónde queda!

    ¡Qué buen reflejo de una relación desgastada! Me huele a que esos jueves se les han convertido en otra carga. La verdad es que ese tipo de tratos terminan siendo una trampa precisamente porque las personas que lo hacen se les olvida que ya están en una.

    No cabe duda de que la rutina y la indiferencia vuelven cualquier relación insípida.

    ¡Un abrazote, Opin!! ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La entiendo Fritzy, pero para mí es una relación de conveniencia que no implica ningún tipo de sentimiento real. Cada uno tiene su vida armada con amor y el otro no es más que un escape, un cable a tierra que los preserva de la monotonía de la vida cotidiana.

      Lo único que perdura es que siempre ocurre los días jueves (el típico día de trampa en Argentina) aunque siempre cambien las parejas.

      Lo planteo como un mero acto físico que no pone en peligro la vida familiar de ninguno de los protagonistas y en todo momento trato de no juzgarlos.

      Uno lo ve tantas veces en la calle que ya ni siquiera se da cuenta :)

      Gracias por leerme y un cariño grande para usted.

      Eliminar
    2. La primera línea del comentario, de verdad que era una ironía. :D
      No sabía que la palabra "trampa" tenía otro significado en Argentina, ni que tuviesen un día específico para practicarlo (otra cosa que le aprendo). No intentaba juzgarlos, sino reflejar una opinión.
      Del resto y hasta que los años hagan su trabajo, ha de tener que disculpar mi estrechez de entendederas. :)

      ¡Un abrazote, Opin!!

      Eliminar
    3. Y yo le había entendido :)

      Mi comentario es como "El explicado" de Les Luthiers, aprovecho el espacio para esplayarme.

      Cariñotes para usted.

      Eliminar
  2. Uf... lo peor de un amante es que justo cuanto más prisa tienes por salir zumbando y llegar a casa, se empeña en largar el sermoncito o ponerse ñoño jajajaja.
    O Pin, como siempre, un relato que refleja la vida misma.
    Abrazos.
    ::-)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Siiii...y para colmo de males a uno lo están esperando con la comida en la mesa ... :D

      Muchas gracias Inma.

      Cariños para usted.

      Eliminar
  3. me gusto el hecho que podía sentirme adentro de la historia por los detalles que presenta..

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Denny, siempre es una alegría saber que alguien lo ha disfrutado.

      Un abrazo.

      Eliminar
  4. ...Y en un universo paralelo el marido de la mujer ruega porque la esposa del psiquiatra se baje de su auto, mientras ésta piensa también que no debe llegar antes que el tren... :D

    Por eso digo yo que a las amantes no hay que ofrecerse a llevarlas a la casa y es muchísimo más conveniente cambiarlas con frecuencia (aquí es donde Fritzy se horroriza :)) )

    Muy entretenido relato, Don OPin. Lo único que le reprocho es que con el texto nos haya invalidado una respuesta tan buena del repertorio (no podremos volver a usarla sin levantar sospechas).

    Un gran abrazo desde el ecuador terrestre.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cierto, Don Aldo. Todo es posible. Hasta podemos hacer que las mujeres manejen y los hombres vayan a preparar la comida :)

      Creo que los que las llevan hasta la vuelta de sus casas son aquellos que viven medianamente cerca, de lo contrario las deben dejar en la parada del colectivo o en la estación del tren. Claro que si ellas son las que manejan nos dejarían de inmediato en la salida del hotel ... =))

      Con respecto a la frase, no dudo que tenemos un gran repertorio (por necesidad) y ésta es la menos imaginativa :)

      Un abrazo y saludos desde el fin del mundo.

      Eliminar
  5. No cunda el pánico chicos, jajaja que aquí estoy yo para cambiar de amantes y por supuesto que no sepan donde vivo que luego se ponen pesados como las moscas cojoneras y no te los quita de encima ni Odín, prefiero quedar en los hoteles. Y como se dice en mi tierra: Para un vaso de leche no hay que quedarse la vaca.
    Bssss
    ;;-)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ja ja ja, Inma, mire usted que había sido tremenda ... :))

      Para qué comprar el libro si hay bibliotecas, ¿no?

      Cariños.

      Eliminar
  6. No es lo mismo un libro en el salón que una vaca... ja ja ja
    La verdad que ha dado para unas risas la historia.
    Me ha gustado mucho su relato, sobre todo por el fondo.
    Bsss
    ;;-)

    ResponderEliminar
  7. Un texto interesante real único
    .De alguien que ve la vida desde un punto indescriptible
    felicitaciones

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias RECOMENZAR.

      Dicen que hay miles de formas de contar una historia, sólo hay que elegir la correcta :))

      Gracias por su comentario.

      Cariños.

      Eliminar
  8. Las vueltas que da la vida, lo que parecía ser un escape de la tediosa rutina. terminó siendo una parte aun mas molesta de ella.

    Me encanto

    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tiene toda la razón Alejandra.

      Uno se crea sus propias trampas.

      Muchas gracias por su comentario.

      Cariños.

      Eliminar
  9. Mi estimado Opin:
    ¡Qué las "trampas" de los jueves o de otros días las hay, seguro que las hay! Que su relato plantea una "realidad" aquí, y creo que hasta en la China, es cierto. Sin embargo, yo acoto que muchas "trampas" han tenido su gran cuota de amor y han terminado no en el hastío por Ud. planteado, sino en divorcio y luego en nuevo matrimonio, por civil, claro y que han perdurado. Ya sabe Ud. que soy romántica, no podía dejar de decir esto. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ja ja ! Claro que sí Zuni.

      Tal vez no sea el caso de la pareja del cuento, pero siempre existe la posibilidad de un final feliz.

      Aunque yo no creo en tramposos. Suelen repetir la historia. :))

      Muchas gracias por su comentario.

      Cariños.

      Eliminar
  10. Me ha gustado mucho su relato O Pin
    Una historia cotidiana si, pero hace falta un maestría como la que usted demuestra para contarla de forma tan subyugante. Cuando termino de leerlo, no sólo he presenciado un diálogo de unos minutos, sino que he comprendido la vida de los dos amantes.
    Encantado de leerle

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias Isidoro !!!

      Un cumplido como para atesorar de por vida :)

      Un abrazo.

      Eliminar
  11. Describe el jueves de varios! y el miedo que le pueden llegar a tener a las palabras de una mujer! genial!

    ResponderEliminar

Si usted tiene voluntad de escribir su comentario, también esta invitado a publicar con nosotros obras más complejas. Simplemente envíenos su trabajo a nosomosescritores@gmail.com y nosotros nos encargamos del resto.

Gracias por visitarnos y participar.

Si no encuentra cómo y se muere de ganas, también puede comentar aquí con su perfil de Facebook



Código de emoticones para sus comentarios
:) :( ;) :D ;;-) :-/ :-O X( B-) #:-S :(( :)) =)) ~X( :-t 8- =P~ #-o =D7 :-SS :-q :-bd