3 de mayo de 2015

el comentario 2 comentarios

Él


Él pensó que tal vez la había encontrado. Después de tanto buscar y buscar, pensó que aquella muchacha de rizos dorados era la indicada. Él todavía no lo sabe, tiene una vaga idea, pero no está del todo seguro. Ella parece demostrarle y darle los indicios de que si lo es, pero también lo hace dudar.

Se hablan y se conocen mucho, a pesar de que se conocieron hace poco. Se entienden, se ayudan y se ríen. Se ven de vez en cuando, tal vez mucho tiempo, tal vez poco tiempo. A él no le importa cuanto tiempo sea, mientras la vea. A ella no se sabe.

La última vez que se vieron, hubo algo, algo que despertó algo dentro de él. Hubo ese sentimiento que no sentía hace mucho, ese sentimiento de tranquilidad, de paz que tanto necesitaba.

Tuvo relaciones pasadas, nada de otro mundo, pero buscó en esas relaciones a ver si este sentimiento ya lo había sentido y no encontró nada. Eso lo alarmó, por que, tal vez, es una confusión en su cabeza. No se quiere apurar, quiere dejar que las cosas fluyan. Pero eso que se despertó ese día, no para de indagar en sus pensamientos. Sueña con ese momento, lo piensa y ama hacerlo. Cada vez que lo recuerda, lo vuelve a vivir, lo vuelve a disfrutar, ese beso, que fue el primero, pero pareció como si hubiese habido mil entre ellos antes de ese, ese beso, que tal vez empezó algo.

Está confundido, pero al mismo tiempo, está feliz. “-Esta puede ser la indicada.” -pensó.- Pero no estaba del todo seguro, había algo que le faltaba saber, una confirmación, como siempre la necesitó.

Él era un chico, que vivió mucho y aprendió poco. Pero lo que aprendió, se lo quedó, para usarlo en un futuro. Era tonto, pero al mismo tiempo inteligente. Él se decidió, iba a luchar por hacer que las cosas salgan bien, pero sin arruinar lo que se estaba construyendo. Tal vez, no se estaba construyendo nada, y él estaba imaginando todo. Pero tal vez, entre los dos, estaban construyendo uno de los palacios más grandes y mas hermosos nunca antes vistos. Entonces se decidió por poner ladrillo por ladrillo, y si no valía la pena, ya había aprendido a superar esa situación, múltiples veces. “-¿Que puedo perder?” -pensó.- Y él sabía muy bien la respuesta. Pero no le importaba, siguió intentando y lo va a seguir haciendo. Porque en la vida, se prefiere arriesgarse a perder, que arriesgarse a no ganar. Y tal vez, solo tal vez, ganar pueda borrar todas las pérdidas pasadas.


Nicolás Toews



2 comentarios:

  1. Interesante trabajo Nicolás.

    Hay algunas redundacias que se pueden solucionar.

    Gracias por compartirlo.

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  2. Interesante lo que pasa por la mente de las personas antes de decidirse a actuar. Me gustó. Estuvo bueno, compañero.

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