15 de mayo de 2015

el comentario 8 comentarios

Los cuentos de la abuela


Mientras sigamos siendo lo que somos, cuando el sol se pone a todos nos gusta sentarnos delante del fuego para que nos cuenten historias. Os dejo la mía para hoy:

“Le gustaba pasear en el cementerio. La costumbre le venía de chico, cuando su abuela le llevaba todos los domingos a limpiar la tumba de aquel abuelo al que no conoció.

Llegaban siempre temprano, nada más abrir las grandes puertas de hierro; caminaban despacio hasta el final de la segunda senda de piedra, y allí, entre un domador de leones muerto en pleno espectáculo y una maestra de escuela, se encontraba la lápida familiar.

Con esmero quitaba el polvo al mármol la abuela mientras él tiraba las flores marchitas y cambiaba el agua verde de los jarrones. Tras el aderezo venía el desayuno, la abuela se sentaba sobre la lápida del esposo muerto y sacaba de una bolsa pan, queso y dulce de membrillo; con esmero cortaba para su nieto una gran rebanada del pan oloroso y tierno y observaba como este comía con el hambre que solo tienen los niños.

Tras el refrigerio la abuela se sacudía las migas de la falda, guardaba el cuchillo mellado en la bolsa, se acomodaba mejor en su asiento y comenzaba una de sus historias. Esa era sin duda la mejor parte del día, las historias.

Cuando la abuela faltó, continúo acudiendo al cementerio todos los domingos, ahora limpiaba dos tumbas y nadie le contaba historias, lo único que no había cambiado era el desayuno. Para llenar el vacío de los cuentos ausentes comenzó a imaginar sus propios relatos, y así, leía las lápidas de los difuntos y rellenaba los huecos que había entre las dos fechas.

Todos sus muertos eran personas muy interesantes con vidas llenas de aventuras. Las mujeres eran bellas, los hombres valientes, sus historias estaban llenas de pasión y heroísmo. Poco a poco su propia vida se fue desdibujando, perdió el interés por las cosas cotidianas y comenzó a habitar un mundo imaginario en el que los difuntos eran sus compañeros. Andaba todo el día como los enajenados caminando sin rumbo y hablando solo. Su familia decidió internarlo, -es lo mejor para él-, se decían tratando de autoconvencerse.

En el manicomio, lejos de recuperar la cordura, su enfermedad fue a peor, ahora los muertos le visitaban por las noches, le susurraban al oído, le enviaban mensajes para los vivos. Atrapado entre dos mundos, así se sentía, agotado de tanto escuchar vidas ajenas.

Una noche de insomnio sofocante, al límite de sus fuerzas, decidió invocar a la abuela muerta:
-Abu por favor, échame una mano, no puedo más, habla con tus compañeros diles que me dejen en paz, necesito descansar, recuperar mi vida, salir de aquí.
Entonces una voz lejanísima y muy débil contestó a su ruego:
-No te molestarán más, te lo prometo, pero a cambio necesitan que hagas una cosa.
-¿Qué cosa abu?
-Escribe sus historias, cuéntalas para que no se olviden, para que no se pierda su memoria. Las de todos; las de Carmelina la pianista con seis dedos en cada mano, la de Alfredo y su miedo a las mariposas, la de Juan y su afición a vestirse de mujer, la de Herminia y sus amores con su cuñado. Ponlas todas por escrito y te garantizo que no te volverán a visitar.

A la mañana siguiente pidió papel y lápiz y debajo de la ventana comenzó a escribir”.
 
Mónica Sánchez García


http://aguaconlimon.com/

8 comentarios:

  1. Bonito relato Mónica.

    Me ha recordado épocas en que la gente iba al cementerio a limpiar y pintar las tumbas al menos una vez al año.

    El tema tiene un gran potencial y al comienzo uno disfruta lo que vendrá más adelante. Sin embargo hay un bache muy forzado en el punto de la internación en el manicomio, pero luego el cuento renace hacia el final.

    Hay mucho potencial poético si quieres trabajarlo.

    Y si no, como está también se disfruta mucho.

    Gracias.

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    1. Muchas gracias O Pin.

      Tienes razón, la solución es un poco forzada pero no en el momento no se me ocurría nada mejor.

      Saludos y gracias de nuevo por dedicarme tu tiempo.

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  2. Muy interesante, me gustó pero ahora debes escribir sobre todas las historia que escribió en el papel.

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    1. Gracias Nelvis.

      Ahora mismo estoy de exámenes y no tengo tiempo ni de rascarme, pero ya tengo algunas ideas para contar esas historias.

      Saludos.

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  3. Me ha gustado tu relato... o más bien tendría que decir prólogo a todo lo que nos vas a contar, ¿no? Todos escribimos un poco sobre esos fantasmas que nos rondan, a ver si en una de estas, nos liberamos de alguna de sus cadenas, je, je. Muy bien escrito
    Suerte con los exámenes
    Un saludo

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    1. ¡Muchas gracias Isidoro!

      Como bien dices esto es solo el principio...

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  4. Me ha gustado mucho la historia y no me desagrada la elipsis temporal porque deja margen a la imaginación.
    Bssss
    ::-)

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    1. Inma como bien dices cada uno de nosotros puede completar con su imaginación las vidas de los personajes que se aparecen a nuestro protagonista.

      Seguro que son vidas muy interesantes.

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