28 de agosto de 2015

el comentario 7 comentarios

Dejate llevar


“Déjate llevar” me susurraba con voz armoniosa y esperanzadora.
 “Ven a mí… ven a mí”. 
Siempre me subyugaron los estanques, con sus misterios en las profundidades de su seno oscuro. 
Los nenúfares cerraron sus flores para protegerse del espanto de la oscuridad. 
La luna se proyectaba en las estáticas aguas en una noche mediocre, tibia, que no recuerdo en qué momento se transformó en obscena y macabra. 
“Ven a mí… ven a mí”. 
En el borde del estanque, mis pies rozaban el agua sin que lo percibiese, podía oír las vibraciones del silencio, sentía el roce de una brisa insulsa, deprimente, mi alma se llenaba de tristeza y dolor. 
“Ven a mí… ven a mí. 
Insistía la voz. 
El agua acariciaba mis tobillos y su tibieza me relajaba y el reflejo de la luna se insinuaba como portadora de dichas desconocidas y placeres secretos que siempre me habían sido negados. 
“Déjate llevar”. 
Una corydora o dos... o muchas, rozaron mis pantorrillas y me sentí arrullada, sorprendida por su danza frenética que se acercaban a besar mi piel para desaparecer prontamente en la profundidad. 
Un sortilegio se pergeñaba en mi mente incapaz de desechar. Incapaz de escapar, mis ojos estaban inmovilizados en el reflejo de la luna que me hablaba de noches eternas, de cielos inalterables y estanques cálidos, profundos, avasalladores por sus misterios… 
“Ven a mí...ven a mí” 
El batir de alas de una que otra ave noctámbula llegaron y se confundieron con el suave ronroneo del agua que abrazaba mi cintura, mi corazón se aceleraba, iba al encuentro de la luna. 
Los nenúfares se abrían silenciosos a mi paso, mostrándome el camino a seguir. 
Mi mente se debatía entre el miedo a lo desconocido y el espanto de una realidad decrépita y moribunda. “Ven a mí… ven a mí”. 
Casi podía tocarla, plateada y perturbadora, ansiosa e inalterable a la vez, cerré mis ojos y sentí el placer de la lisonja de las aguas espumosas en mis hombros. 
“Déjate llevar… 
No te atormentes -me susurraba al oído- percibe la maravilla de una noche eterna, inclínate y bésame, roza mis labios y conocerás los misterios ocultos del estanque. 
Abrázame, ven a mí… ven a mí.” 
Alcé mis brazos, abracé la luna. 
Y fui... 

Nelvis Ghelfi


http://sincaramelos.com/

7 comentarios:

  1. Me pareció simplemente hermoso, narrado de una manera muy sutil y elegante. Casi sin poder evitarlo uno se va sumergiendo en la historia y queda atrapado en ella. Felicitaciones!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Germán, muy amable de tu parte.

      Eliminar
  2. Es muy fácil dejarse llevar por la cadencia del relato, para después darse cuenta que aunque uno regresa el personaje del texto hizo un viaje sin vuelta. Precioso escrito, Nelvis.. ¡Un abrazo!! ;)

    ResponderEliminar
  3. Una delicada manera de describir la voluntaria manera de salir de este mundo,
    ;;-)

    ResponderEliminar
  4. Me encanto, sencillamente me encanto. Felicidades.

    ResponderEliminar
  5. Hermoso e inquietante. Un estanque de nenúfares a la luz de la luna. El lugar perfecto para que un alma mortal se sienta atraída por la oscuridad impenetrable de sus aguas, hasta besar sus labios tal como tan magníficamente nos describes en ese último párrafo. Me ha gustado mucho
    Un saludo

    ResponderEliminar

Si usted tiene voluntad de escribir su comentario, también esta invitado a publicar con nosotros obras más complejas. Simplemente envíenos su trabajo a nosomosescritores@gmail.com y nosotros nos encargamos del resto.

Gracias por visitarnos y participar.

Si no encuentra cómo y se muere de ganas, también puede comentar aquí con su perfil de Facebook



Código de emoticones para sus comentarios
:) :( ;) :D ;;-) :-/ :-O X( B-) #:-S :(( :)) =)) ~X( :-t 8- =P~ #-o =D7 :-SS :-q :-bd