14 de septiembre de 2015

el comentario 1 comentario

El último café


Héctor Stamponi compuso y Cátulo Castillo escribió la letra de “El último café” y luego la interpretaron varios artistas conocidos. Es un tango maravilloso de esos que se escuchan mientras se mueve la cadera sin querer, ella lo escuchaba mientras veía en la ventana las sombras pasar y suspiraba. Llegaba el recuerdo como un torbellino y se apretaba más fuerte exhalando el aliento. Se imaginaba una silueta negra en la pared que llegaba a llenar el vacío que dibujaban sus brazos. Movía la cabeza de lado a lado despacio imaginando que inhalaba su aroma directamente desde el origen de su cuello. Barroco significa “horror al vacío” pero en estos tiempos minimalistas la gente prefiere desquitarse de pérdidas de tiempo como el romanticismo; todo es blanco, todo es límpio, todo está organizado, pensó ella mientas se cegaba por el sol veraniego. Lo evocaba sin razón, lo escuchaba sin que estuviera y empezaba a ausentar sus sentidos. Se guiaba con la imaginación que le proporcionaban sus memorias. La reminiscencia estaba bañada por la nostalgia. Su dulce argentina. Ahora tan lejana, tan ausente, tan pequeña. Discernía el aire que agitaban los bandoneones del silencio que se escondía en su alma. Un alma triste. Habían momentos en que besarle la frente y apretarlo contra su cuerpo se volvían deseos acuciantes y nada podía evitar que se dispararan sus más audaces pensamientos. Se sometió a una rutina de caricias a las que dedicaba gran parte de su cabeza. Su vida no fluía de la manera en que debía hacerlo, más bien goteaba y dejaba fuera del vaso más de una lágrima. Pero ese día únicamente iba a emplearlo a observar a través de los vidrios. Y allí, con su impiedad, se vio morir de pie, midió su vanidad y entonces comprendió su soledad. No podía huir, estaba condenada a la injuria de la pesadumbre y a vivir en melancolía allá en el extrarradio de una ciudad ajena a la que nunca iba a pertenecer.

Giselda Claramunt Nogue



1 comentario:

  1. Hablas de desarraigo y melancolía con palabras mecidas por el tango. En algún momento se pierde la guía en tu texto pero vale la pena una segunda lectura. Sigue escribiendo. Un saludo

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