27 de septiembre de 2015

el comentario 5 comentarios

Gabrielle



Altanera y soberbia como ella sola,

Se había rapado la mitad de la cabeza con la promesa de no volver a encadenarse,

Tenía un tatuaje por cada herida y la piel curtida de calle

Los ojos negros le brotaban de histeria...

Había cerrado de un portazo su pasado para poder dormir.

Y había entendido que su boca no silenciaba con injusticias.

Llevaba hace años el estigma de rara pero ya no le importaba,
no le interesaba encajar en marcos pautados con fechas de vencimiento... hacia todo al revés.

Tenía dos amigas de voz gruesa que la malcriaban y tazas sucias de café que la observaban,

Estudiaba el guion de la existencia de libros viejos y abandonados.

Más de un macho la envidiaba, porque sus hombros finos podían cargar más piedras que cualquier campeón.

En sus días de demencia abría el paso y unos cuantos se callaban,

Su postre favorito era el de la libertad y el vestido color coraje era el que más usaba.

De todas formas no le faltaban pantalones que combinaban con la melena larga y oscura que le quedaba.

Era todo aquello que no habían querido que fuera.

Una tarde cualquiera salió a comprar una lámpara, y así apaciguar la soledad que el destino le había sabido imponer.

Descargaba broncas entre maderas y pinturas porque ya no iba a llorar, ningún narciso lo merecía.

Abría todas las ventanas para respirar confianza, se la pasaba mirando fotos de paisajes pero se decidió quedar,
ya no era necesario cargar con culpas ajenas y propias, era cuestión de aceptar lo que la vida le sorteo,

Algunos pedazos rotos se habían perdido cuando el jarrón de su recuerdo estalló.

Sabía que mil años de terapia no la iban a curar, había golletes que nacieron para gritar.

Era loca, indomable, salvaje...

Se sabía que andaba soltera y que ya quedaban pocas posibilidades.

A pesar de la insensatez y las fachas la elegancia no la soltaba, su espalda engreída era la mejor percha.

Lo más lindo que tenía era su corazón agrietado pero compasivo, de mil matices, pedante,
todavía no lo había podido convencer de que se inmutara.

De cabeza terca de acero, orgullosa perpetua…

No eligió ser así… se había hecho, los golpes de la vida la habían tallado a su estilo.

Y así quedó, gritona, caprichosa, maniática, impredecible, arrogante, trastornada, mujer...

Loca mujer...

Cuando él la vio, estaba fulminando a un par con la mirada...

En el mismo instante en el que se enamoró de ella, entendió que la llave de su alma se la había robado el mar...
el mar sabio, posesivo y celoso... y que jamás la devolvería.

Eliana Villela


5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Muchas gracias Francis! En breve voy a pasar a visitar tus trabajos, ya que vi que tambien publicas en el blog! Cariños!

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  2. Huy, casí no se puede escribir un comentario sin saltarse la publicidad y el mensaje de copyright :S

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  3. Bonito texto e intrigante final. Es el segundo tuyo que leo y se repite la intensidad en las palabras. En cada frase se lee una historia. Me ha gustado. Sólo una cosa: después del fin de algunas frases con coma, hay mayúsculas ¿Es una mala pasada que te ha jugado el editor de textos al saltar de renglón?
    Un saludo

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    Respuestas
    1. Muchas gracias nuevamente Isidoro, gracias por leerme! Me alegra mucho que te haya gustado y que hayas encontrado la intensidad con la que lo escribí! Recuerdo, en cuanto al el tema de las mayúsculas de haberlo corregido, ya que si, en algunas ocasiones se ponen automáticamente las mayúsculas. Nose porque aparecen así. La tecnología no es mi fuerte. Cariños!

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