30 de octubre de 2015

el comentario 9 comentarios

La plaga del baile


Nosotros pusimos las primeras tarimas porque nos asustamos mucho y, bueno, también porque nos obligaron, pero principalmente porque estábamos preocupados. Ya para entonces se habían juntado todos los que debían con la consigna de descubrir cómo sacarle a doña Troffea el diablo de adentro, que la obligaba a lanzarse a la calle con tanta desfachatez como no se había visto por esta ciudad de Dios.

“Líbranos padre nuestro de la plaga que nos lleva contoneándonos de lado a lado, hechos unas fieras a la hora de dar las vueltas, gritando cuando las piernas se tironean y los pies ya sangran”

Para que decir que a todos nos parecía de lo más escandaloso durante las primeras horas. Dicen que sería algo que se le pego por el fuego, de regreso del horno de pan, aunque el panadero no sufrió perjuicio idéntico. Sería de felicidad, quién sabe, seguro son habladas de los que no hacen más que inventar, porque a la señora Dios le quitó dos hijos apenas el año pasado, así que no tenía razón de andar por ahí bailoteando de puro gusto. Nadie puede juzgar a los que se hacen figuraciones porque con éstas cosas uno sospecha. Todas las gentes del pueblo sospecharon, los galenos y el señor gobernador sospecharon, los dos curas del pueblo sospecharon. Al poco todos se echaron sobre ella, con la seguridad de que era llevada por esas artes de la serpiente traidora. Todos querían apaciguarle los ánimos con rezos y hasta dos o tres malas palabras.

“Del diablo, quítanos Señor de las alturas sus tentaciones impuras, que no se apodere de nosotros la fiebre que nos aleja de ti y nos hace apartarnos también de los desgraciados”

Ya la estaban metiendo al agua de la fuente para que se le saliera el mal, cuando se dejaron venir tres igualitos, subiendo las manos en cadencia con las nalgas retozonas, atravesando patios y subiéndose a jardineras y puentes. Puros hijos disciplinados de Dios en otros tiempos. Se pusieron a corretearlos también a ellos, sosteniéndoles los antebrazos y sacudiéndolos de los hombros, pero los otros en vaivén callado y con los ojos cerrados, trataron de tomarlos en un improvisado baile de parejas. Así llegaron otros, unos viejos con las piernas torcidas, unos jóvenes alternando los hombros. Los niños locos de alegría les armaban rondas alrededor y les tiraban a veces piedras.

“Mira Señor a este pueblo tuyo, compadécete de los que así se frotan con los otros, meciendo sus cuerpos juntos, compadécete de la impudicia de la carne Señor”

Nosotros nos reíamos, sí que nos reíamos, de burla y de nervios, viendo a las hijas de los señores nobles levantándose las faldas entre zapateros o señoras de mercado. Los que miraban se organizaron para llevar cazos rellenos de agua bendita a la plaza, pero el frescor del agua de pileta sólo les hacía redoblar el ánimo. No era el diablo, dijeron, pero seguimos sospechando. Los galenos se metieron en sus cuevas a recalentar plantas amargas, pero ni bien se las tomaban los danzantes, se vomitaban todito encima, bañando de paso a sus compañeros de baile, esas hijas de señores nobles, labriegos que se retorcían con sus atados de trigo, mujeres con buen ritmo que llevaban a los niños prendidos todavía de un pecho.

“Las enfermedades hechas de los malos enconos, de las envidias, de los malos espíritus que atormentan a las pobres gentes que no encuentran su medicina”

No sé, quizás era una danza de alegría, aunque es difícil creerlo, así como andaban todos ampollados y con los pelos revueltos. Día y noche se anexaban más. Los que quedaban buenos no bebían del agua de esas fuentes, temiendo pertenecer a ese grupo incontable que se congregaba en medio del pueblo retorciéndose como peces dando bocanadas. No quisimos comer de su pan, ni ir a las tiendas de sus familias, no quisimos cortarnos el cabello, ni sacarnos con ellos las muelas. El gobernador se encerró de nuevo a piedra y lodo con los que aún no tenían la afectación.

“Si la enfermedad lleva su curso, que no se permita que la danza merme a pesar de los rigores del calor, el hambre y la sed. Mas pronto sufre el cuerpo, mas pronto comienza la fortaleza”

Medio día después salieron con el entrecejo consternado y nos fueron a buscar. Nosotros nos habíamos metido en las casas, porque luego de la sorna nos entró un temor grande de juntarnos con esas almas en pena que pulían las piedras del pueblo con las plantas desnudas, no queríamos que nos cayera el maleficio de su enfermedad. Nos sacaron casi a la fuerza so pretexto de que abandonábamos a contagiados a su horrorosa suerte y esas cosas no son dignas de las buenas conciencias.

“Que haga el hombre lo que su conciencia le dicte, pero sea piadoso con los inocentes a quienes les acomete la desgracia. Es menester del buen ciudadano velar también por su vecino”

Ahí vamos dale que dale, todos cargados de maderas y herramientas a construir en medio de la casa de gobierno y la iglesia un templete bien afianzado, entre el ruidero de otros que sacaban sus instrumentos para armar un festejo como si de verdad hubiera algo que celebrar. Yo digo que si llegaron otras gentes al pueblo, no se dieron cuenta de que la fiesta que montamos no era de dicha sino de pura desesperanza.

“Que el cuerpo exude los malos humores que le rellenan también el alma, para que pronto adquiera salud y la forma normal de comportarse, si no fuese así, que se le condene a errar solitario”

Muchos de los apestados agitándose se golpeaban contra la gente y las casas, aquello era un hervidero de cuerpos olorosos, con gritos de vez en cuando si uno caía muerto de repente. Seguimos construyendo pistas y templetes, altos o bajos lo mismo, los músicos con los dedos partidos, los seminaristas y los curas con los ojos elevados al cielo pidiendo clemencia y el gobernador encerrado imaginándose el siguiente paso, que unos dicen sería renunciar.

“Y si así no lo hiciese, que el pueblo en todo su derecho se lo demandiese, se lo exigiese, se lo obliguiese. Un representante del pueblo que no baila a su compás, es un acorde que lo desafina”

Todos bailando desde que salía el sol hasta que se ponía, sin atender razones, llorosos y adoloridos, por ellos, por sus muertos en las hambrunas que se pasan en estas tierras, por los hijos que se apagan de tan flacos y amarillos, por las penas que se pasan cuando no llueve o cuando de más llueve.

“Dios bendito y misericordioso sana los males del alma a todos los desesperanzados que no sabemos si nuestra gente podrá seguir en pie. Que los menjurjes nos salven las enfermedades del cuerpo. Que la conciencia se nos limpie sabiendo que es real justicia, mientras los miramos alejándose de nosotros, cayendo como moscas que llegan a ti Señor”

-.-

Así como llegó la “plaga de baile” que azotó Estrasburgo allá en el año del Señor de 1518, afectando a más de 400 buenos ciudadanos, de los cuales a algunos habrá matado de extenuación, también se cesó. Las teorías no han encontrado una causa suficiente.

Ren Solleiro

http://trafico-pesado.blogspot.mx/

9 comentarios:

  1. Muy buen texto. Desprende cierta gracia e ironía entre párrafo y párrafo. Una forma bastante amena de hacer referencia a un suceso histórico que, a mi parecer, roza lo absurdo.

    Me tomo el atrevimiento de hacer un par de observaciones: creo que es "demandase" y "obligase" en lugar de "demandiese" y "obliguiese", y al final, simplemente "cesó" en vez de "se cesó".

    He disfrutado mucho la historia. Saludos desde por acá.

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  2. Excelente relato, me encantó. Quizás los términos a que hace alusión el señor Aldo, fuera la manera de expresarlos en los tiempos en que transcurre la historia. No tengo autoridad para refutar nada de lo dicho por el señor Aldo a quien respeto y sigo en sus trabajos, solo es una ocurrencia. Pero lo cierto es que me encantó. Felicitaciones.

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  3. Muy interesante relato basado en un hecho real.

    Para ser honesto, aún cuando abundan las referencias en la Red, mi primer impulso fue ser un tanto ecéptico en cuanto a su veracidad. Pensé que posiblemente se tratara de un bulo o simplemente de un cuento que ha trascendido en el tiempo.

    Pero en verdad la enfermedad Corea (de donde nace la palabra coreografía) es un trastorno neurológico llamado disquinesia, difícil de ver como histeria colectiva aunque se ha repetido en varias ocasiones.

    Como sea, su relato no sólo tiene buena factura, sino que es sumamente detallado y me ha enseñado algo nuevo.

    Felicitaciones

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  4. Los cuentos también enseñan y este ha sido el caso (por lo menos para mí). Gracias por compartirlo.

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  5. Verdaderamente agradezco sus comentarios, desde el tiempo para leer mi texto, hasta su voluntad de hacer de él un dialogo entre nosotros. No podía quitarme de la cabeza este evento desde que lo vi en un documental, tenía que hacer algo con él, así que me inspiró un relato.
    O Pin, Cecilia, Nelvis creo que lo mas significativo para los No-escritores-que-somos es dejar un poco de nosotros en los demás con nuestros escritos.
    Aldo Simetra, es fantástico recibir observaciones, en el caso de las faltas las he colocado a propósito por lo ridículo que me parece el discurso político cuando se hace una jura. El "se", si se me fue, gracias, gracias por leerme con tanta atención.

    Nos leemos pronto.

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  6. Ren, interesante forma de relatar la Historia. Me encantan los textos que transmiten conocimiento además de interés y gusto por leerlos.
    Acoto, lo siguiente:". . .El historiador británico John C. Waller (fl. siglo XXI) afirmó que un corredor de una maratón no podría haber resistido el intenso trabajo físico que mató a hombres y mujeres siglos atrás. Además, Waller propuso en su libro A time to dance, a time to die: the extraordinary story of the dancing plague of 1518 (2008), que una posible época de extrema hambruna pudo provocar fiebres altas que impulsaron momentos de desenfreno sin control. . ."
    Sugiero que escribas sobre La Plaga de la risa en Tanganica. Mis afectuosos saludos.

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  7. Creo que siempre escribimos sobre sucesos reales, a los que les damos nuestra propia versión, en los que introducimos personajes, que variamos de acuerdo a nuestra perspectiva cultural, política, afectiva,... y que, desde luego, pueden ser reales históricos o reales personales. Un suceso como este, por lo extraordinario, se da como anillo al dedo para aplicarle nuestro filtro personal y darle forma en un texto.
    Su relato me parece magnífico en la factura y muy imaginativo con ser detallado. Un muy buen trabajo por el que le felicito
    Saludos

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  8. Hola Zuni, como siempre muchas gracias por tus comentarios. Sigo sin comprender porqué la gente sólo se lanzó a bailar a pesar de todo ese trabajo físico que presuponía. Tendré que leer más a fondo esas nuevas referencias para que sigan danzandome en la cabeza preguntas y respuestas. Y claro, ya prepararé la Plaga de la risa, que espero, sea un texto más divertido. Un abrazo.

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  9. Isidoro; Qué gusto es que personas como usted tengan a bien leerme, muchas gracias por ese comentario que me llena de felicidad. Es cierto, estas noticias desde el mundo real son el alimento para nuestro propio mundo interior. A veces creo que mientras más inverosímiles, más humanas resultan, porque le hablan a ese yo privado que no siempre dejamos salir a jugar. Un abrazo.

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