30 de diciembre de 2015

el comentario 3 comentarios

Demasiado pronto para nada, demasiado tarde para todo...


Cada día recobro el sentido medio aturdido sentado al borde de la cama. Son las cinco menos cuarto de la madrugada, es lunes. A mi lado duerme todavía la que desde hace 8 meses se convirtió en mi mujer. No quiero irme, daría lo que fuera por poder permanecer un rato más a su lado con los ojos cerrados…

Salgo de la habitación y dirijo mis pasos somnolientos por el pasillo. Arrastro los pies, no doy ni una luz, ni mi cabeza ni mis ojos están preparados todavía para ningún destello. Estoy enfadado, pero no me pasa nada…tan solo es demasiado pronto para nada, demasiado pronto para todo.

Llego a la cocina y saco el tetrabrik de leche, la derramo en el vaso y la tinto con polvos de cacao. No tengo hambre, así que ese será todo mi alimento hasta el mediodía. La bebo deprisa, no tengo demasiado tiempo para disfrutar de varios tragos. Acabo y deposito el vaso en la pila. Vuelvo a la oscuridad del pasillo y subo las escaleras que me llevan al baño. Bendita agua que refresca mi cuerpo. Maldita agua que despiertas mi mente. Comienzo a ser consciente, me escuecen los ojos, me duelen los brazos, mis piernas están demasiado cansadas….no pienses en ello Jorge, me repito constantemente. Cepillo mis dientes y vuelvo a la planta de abajo donde me visto con mi mono de trabajo, me calzo las botas de seguridad, cojo lo necesario para pasar la jornada y entro a la habitación de la que hace tan solo cuarenta minutos no quería salir.

Sigue tumbada, descansando…aun así, despierta al escuchar mis pasos, es imposible ser sigiloso, las botas pesan demasiado. Te quiero cariño y un beso. Y yo a ti…otro beso. Una última mirada y vuelvo a salir.

Compruebo de nuevo mi mochila para no olvidar nada, cartera, móvil, llaves y la tarjeta de fichar, la que comunica la hora a la que entro y la hora a la que salgo….la chivata.

Bajo al garaje y monto en el coche, bajo las ventanillas, quito el freno de mano, pongo música, y aprieto el botón del mando a distancia que acciona la puerta del garaje, y allá voy…un día más…acelero y salgo del garaje por la rampa que da la calle, la misma rampa que día tras día me escupe ahí fuera, a la rutina, a la vida.

Durante el trayecto no acabo de ser consciente al cien por cien ni del camino ni de la velocidad, solo sé que he salido, y que he llegado.

Unas quinientas personas comparten mi atuendo, todos llevan mi misma cara, mi mismo caminar. Solo nos diferencia que unos bajan del autobús y otros bajamos del coche…pero el camino es el mismo...ponemos el pie en el asfalto y nos dirigimos al reloj, a fichar, a pasar la chivata.

Una vez pasado el trámite saco mi café cortado con tres de azúcar y me siento en un banco…a la fresca con mis compañeros. No hay palabras, solo suspiros…..y es que aún es demasiado pronto para nada, demasiado pronto para todo.

Seis menos cinco de la mañana, me coloco los manguitos y los guantes…elementos de seguridad los llaman, pero no me libraran ni de la artrosis, la tendinitis o las varices.

A las seis toca una melodía pegadiza, tanto que ya no la sacas de la cabeza en toda la mañana. Y comienza el baile. Mis compañeros y yo bailamos al ritmo que marca la cadena con movimientos casi coreográficos, sino fuera porque se nos ve respirar se pensaría que somos androides, robots programados como los que trabajan junto a nosotros con sus ruidos infernales. Desde el momento en que la melodía entra en mis oídos debo mentalizarme y empezar a luchar contra las ganas de salir corriendo. Una dura lucha la que se libra en mi cabeza durante las ocho horas de jornada. Por un lado, pienso en que esto me da dinero para vivir, pagar una hipoteca y tener algún capricho de vez en cuando y por otro mi propio YO que sin cesar un segundo me dice que corra, que no quiere estar allí, que vale para mucho más, que no se merece que le haga eso…que no merecemos hacernos eso. A las nueve vuelve a sonar la melodía inicial….disponemos de un descanso de quince minutos para comer y beber algo. Yo paso, necesito sentarme, estoy muy cansado.

Las horas no pasan, cada segundo es eterno, ocho horas haciendo exactamente lo mismo, cuatrocientos ochenta minutos de montar, clipar, pegar y darle al botón. Lo mismo cada día…ochocientos cuarenta y seis aparatos por turno, ciento diez cada hora, uno cada veintiséis segundos.

Todo pasa tan despacio que te da tiempo a evadirte. Cada movimiento está tan automatizado que la mente se queda en blanco y cuando vuelves en ti te asustas al comprobar que te estás perdiendo en el lado más oscuro de tu cabeza, en el rincón donde se oculta la nada, el vacío, la soledad en ti mismo….sin embargo y sin querer vuelves ahí una y otra vez. Creo que es un mecanismo de defensa que mi mente emplea para evitar que enloquezca….hay demasiado tiempo para pensar, demasiado tiempo para darle vueltas a las cosas.

Tras ocho horas de ausencia vuelvo en mi con la misma música que ha hecho que me evada, la de la salida, de vuelta al reloj con la chivata en la mano derecha para informar de mi salida…mañana más de lo mismo, más de exactamente lo mismo.

Todos corren hacia sus coches como si los persiguieran, como si al montar y arrancarlos fueran a volver a nacer…yo no tengo fuerzas, ni ganas. La fila de vehículos es eterna…no quiero malgastar gasolina…así que me siento a esperar a que salgan todos. Al derrumbarme sobre el banco que recoge mis restos mis piernas palpitan…siento como un hormigueo recorre mis brazos y mis gemelos, bebo despacio el refresco que minutos antes he sacado de la expendedora…cada sorbo refresca mi gaznate y mi alma…

Parece que el camino se despeja, me dirijo hacia el coche, arranco y piso el acelerador…atravieso la empresa sin mirar nada ni a nadie…quiero irme, y cuando estoy a punto de salir…el semáforo de la entrada impide mi salida, - Este desgraciado siempre está en rojo – pienso mientras cabeceo negando con la cabeza. Ese semáforo es el causante de la fila de coches que impide que me vaya corriendo a mi casa. Dos minutos de disco rojo con un pie el embrague y el otro en el acelerador ansioso por ser pisado.

Salgo, y de repente estoy en el garaje sin saber cómo he llegado allí, mi mente tiene una facilidad increíble de repente para evadirse cuando algo se vuelve rutinario.

Al bajar del coche mis cuerdas vocales producen el típico ruido del anciano al levantarse…hace calor, estoy pegajoso y asqueado….necesito subir y ducharme.

Giro la llave, siempre dos vueltas de pestillo y aparece ante mí la misma a la que bese nueve horas antes. Su sonrisa es la que me saca de los rincones oscuros de mi cabeza. Caigo sobre sus brazos y me sostiene mientras me pregunta que tal me ha ido….cada día la misma respuesta – bien, como siempre, voy a la ducha- la beso y voy al cuarto. Me desnudo y subo las escaleras, directo al baño. Cada gota de agua se lleva por el desagüe casi toda la negatividad que ha acumulado mi cuerpo durante la mañana, no solo me limpia el cuerpo, bendita agua que me refrescas y sanas mi alma. Renovado me pongo cómodo y bajo al salón, ahí está ella, esperándome para comer, nunca le he dado las gracias por tener todo preparado a mi regreso, moriría de inanición si al volver a casa tuviera que hacerme yo la comida, son las tres menos cuarto de la tarde y la mañana por fin ha acabado.

Ella trabaja por la tarde, y por algún motivo el rato que transcurre desde que llego hasta que ella ha de irse pasa volando. Supongo que ahí tengo la prueba de que el tiempo es relativo, un minuto del mismo día puede ser eterno o efímero…todo depende del modo en que lo vives.

Cuando desaparece por la puerta quedo solo tirado en el sofá, soy un trapo, un cuerpo semimuerto, un zombi, mis piernas reposan en el chaiselonge y siento que pesan toneladas, me duelen los dedos anular corazón e índice de cada mano. Mi muñeca derecha esta medio dormida, la contractura de la espalda cada día se hace más insoportable...

Veo la televisión…a veces solo la miro pues la tengo apagada, y lo que veo en su reflejo no me gusta…ese no soy yo…yo vibraba, yo era enérgico, yo no soy lo que estoy viendo…mi mirada se pierde en mi reflejo y me repito que hay que cambiar esto, que algo hay que hacer para salir de la situación en la que me encuentro, y ¿Qué hacer? Me pregunto….nada…me respondo…ya es demasiado tarde para todo, demasiado pronto para nada. Y mientras me busco en la pantalla de mi televisor apagado me duermo en algún momento.

Cuando pienso en ese instante no puedo evitar esbozar una sonrisa, pues caigo rendido en el sueño más profundo sin saber cómo y sin importar ni preocuparme la posición…he dormido doblado hacia adelante, caído hacia un lado, tumbado y sentado, y al despertar siempre estoy aturdido….da igual si duermo de noche o de día, siempre me despierto como si me hubieran golpeado en la cabeza, siempre sin querer despertarme, con ganas únicamente de tumbarme de nuevo y agarrar el sueño perdido para volver con él al lugar donde los sueños que nunca recuerdo me mantienen cuerdo.

Al despertar vuelvo a la ducha para despejarme, los dolores se han mitigado, pero no han desaparecido, y lo peor es que aún es lunes.

Bajo de la ducha a preparar la cena, se acercan las ocho, pronto regresará y seguro que esta hambrienta y cansada. Prepararé lo que pueda, lo que me apetezca, pero no me apetece nada…no tengo hambre…solo sueño.

Aun así siempre hago alguna cosa, un poco aunque sea…no puedo vivir con un vaso de leche a las cinco de la mañana y lo que como al medio día.

Cuando llega, la apremio a que corra a la mesa, son la nueve cuando cenamos, y antes de acostarme de nuevo quiero hablar con ella tumbados en las hamacas, mirando las estrellas en la terraza. Quiero saber que tal le ha ido la tarde, como se encuentra, que es lo que piensa, hablarle de mí, de lo que pienso y siento, hablar de nosotros, de lo felices que somos cuando estamos juntos.

Ella sonríe al notar mis prisas, siempre acabo el primero y me manda a la terraza alegando que ahora sube a acompañarme…es el mejor rato del día, por fin refresca, corre una brisa maravillosa que acaricia mi piel y se lleva el calor de mi cuerpo, me tumbo y miro al cielo, luna nueva, es perfecto, mil estrellas sobre mí y mi mujer a puntito de subir a disfrutar al fin el único momento que tenemos tranquilo los dos junto en todo el día.

Preparo todo, las tumbonas, unas almohadas para la cabeza y una mantita fina por si el aire le resulta molesto. La terraza huele a tomillo, me encanta.

Me tumbo a esperar y a los cinco minutos aparece ella por la puerta, se acomoda en su tumbona y charlamos y reímos durante unos instantes, instantes que una vez más pasan demasiado rápido... y es que el tiempo es relativo.

Son las doce, y permanecemos callados, cogidos de la mano mirando estrellas, buscando siempre esa estrella fugaz que nos conceda nuestros deseos. Llegará, lo pediré y me lo concederá, solo he de ser paciente. Pienso cada noche al recoger la terraza.

Me cepillo los dientes, bebo un vaso de agua fría, entro a la habitación, ella me espera – Te quiero cariño y un beso – y yo a ti…otro beso –

La miro, me mira, retiro su pelo de la cara….que bonita eres…y duermo.

Son las cinco menos cuarto de la madrugada, es martes…o lunes….no se…lo único que sé es que es demasiado pronto para nada, demasiado tarde para todo.

Jorge Tomey.



3 comentarios:

  1. pff, vaya relato tan preciso tan exacto de como transcurren actualmente mis días...bastante descriptivo, pero no dejemos de pedirle a las estrellas porque llegue ese pedacito de milagro que no nos haga tener de todo y de nada, sino de todo y con todo!! ¡Ánimo!

    ResponderEliminar
  2. ¡Sin palabras, me dejaste sin palabras!

    ResponderEliminar
  3. ¡Sin palabras, me dejaste sin palabras!

    ResponderEliminar

Si usted tiene voluntad de escribir su comentario, también esta invitado a publicar con nosotros obras más complejas. Simplemente envíenos su trabajo a nosomosescritores@gmail.com y nosotros nos encargamos del resto.

Gracias por visitarnos y participar.

Si no encuentra cómo y se muere de ganas, también puede comentar aquí con su perfil de Facebook



Código de emoticones para sus comentarios
:) :( ;) :D ;;-) :-/ :-O X( B-) #:-S :(( :)) =)) ~X( :-t 8- =P~ #-o =D7 :-SS :-q :-bd