19 de enero de 2016

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Ojos en el bosque


Algo asustó a Dulcinea, su yegua favorita, y en un movimiento rampante Anilú perdió el control de la montura cayendo al suelo dándole sólo el tiempo suficiente para lograr caer de pecho. Perdió el aliento y junto con él su orientación. Un minuto después, lo que a ella le pareció una eternidad, encontró el oxígeno que necesitaba para poder levantarse. La noche le pareció de repente más oscura, más amenazadora; no alcanzó a ver las luces de su casa. El pasto húmedo se quedó pegado en su ropa y en su piel. Jadeó. No encontró señales de Dulcinea por ningún lado. ¿Qué pudo asustarla tanto? Ella nunca se iba de su lado. Sintió el aire espeso. No sabía por qué pero sintió miedo. Comenzó a caminar sin estar segura hacia dónde. Un ruido la hizo volverse, le pareció ver algo pero la oscuridad no le permitía ver más allá de un par de metros tuvo la sensación de que algo o alguien la observaba. No era una zona donde los lobos o coyes pasearan seguido, pero esa parte de su subconsciente le decía que ningún animal silvestre estuviera cerca. Agudizó el oído. Nada. Sintió mucho miedo, se echó a correr no sabía hacia dónde pero ella corrió, quería alejarse. Comenzó a sudar y no supo en qué momento ella estaba corriendo desesperadamente y en algún punto, lo que ella creyó que saboreaba sudor eran sus propias lágrimas. 

Mêl Ishtar
http://res0nullius.blogspot.mx/

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