25 de marzo de 2016

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El crecimiento del tigre


Desde pequeña supe que era rara. Mi mejor amigo era alguien con quien jugaba al “tigre” y no había un juego más completo y más satisfactorio que jugar a que éramos tigres y rugíamos. Mis metas de pequeña eran cosas como ser escritora, ser protectora de los animales, viajar por el mundo, obtener ese violín que le pedía al Niño Jesús todos los diciembres desde que vi por primera vez “El Cascanueces” a los seis años. No pensaba en los chicos en absoluto, no como mis amigas o como mis compañeras, algunas muy bonitas, quienes se aprovechaban de su belleza para manipular a los niños.

Dirán que es algo tierno, pero al crecer, uno se olvida de eso, y la presión social porque tienes “un amigo y no una amiga” hace que cambien ciertas cosas. También crecer cambió mi percepción de él; como ya no estábamos más juntos y yo me dedicaba a golpear a los chicos que me perseguían, nuestras diferencias de género marcaron una línea que, irónicamente, trazó una paralela que todos conocemos: el primer amor. No se sientan mal porque desean algo que siempre tuvieron al lado pero lo vieron con otros ojos cuando fue alejándose; como niña me ocurrió, y es algo en la naturaleza humana que parece ser una maldición.

Quiero que sepas, dondequiera que estés, que me arrepiento no haberte defendido cuando los demás se burlaban de ti porque te “hiciste” en el pantalón. También me arrepiento de no haber sido un poco más femenina; en lugar de eso, también te perseguía cuando te burlabas de mí por ser la más alta de todos. Me hubiera gustado haber hecho equipo contigo para estudiar; de nuevo, la presión social… “no puedes estar con un niño, ¿eres marimacha?”. Sí, como aquella niña que se la pasaba con uno de tus amigos, y toda la vida la tildaron de eso, ¿te acuerdas? Me hubiera gustado ser más arriesgada, como ella. Pero era muy cómoda y de verdad me gustaba pasar tiempo con aquellas niñas que luego me dieron la espalda, como tú. Solo que tú sí tenías razones para hacerlo. El día que cambiaste de colegio y me saludaste en la parada de autobús, seguía siendo inmadura con mis sentimientos y no te saludé. Ese día, creo yo, fue el día en que decidiste sacarme de tu vida y ser una persona en extremo fría conmigo.

A pesar de que, años después, le dijiste a la que ahora es mi mejor amiga que yo estaba enamorada de ti, solo para agradarle (cosas de adolescentes), no te guardo ningún tipo de rencor. Verás, ahora soy traductora, músico, escribo y soy activista en protección de animales. Alguien me dijo una vez que “yo no estaba enamorada de alguien, sino de algo”. Me lo dijo con mucho resentimiento… pero tenía razón. Te dije que nunca fui alguien normal; nunca pensé en casarme, nunca pensé en novios, salvo aquellas veces que la sociedad hacía presión en mí. Y, si a ver vamos, mi juego favorito era jugar al tigre contigo, ¿por qué no la R? ¿Quemados? ¿La escondite? ¿Por qué no te dije lo que sentía? ¿Por qué fui siempre tan conforme?

Quiero que sepas que mi animal favorito es el tigre, y tú fuiste mi primer amor. No importa lo demás, todavía te quiero.

Daresi Mi


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