24 de abril de 2016

el comentario 2 comentarios

Pluviofilia


Las tempestades del noreste llegan. La ventisca de la tranquilidad impregna un sosiego radiante. La muchedumbre acostumbra a permanecer en casa, como si lo que cayese del cielo fuese acido y no agua.

Juan, sentado en la glorieta a la cual asiste día por medio observa el gentío. Apurados, como si el tiempo fuese a terminar de un tic a un toc. Y se pregunta si estos sujetos se cuestionan en algún momento sobre el sentido de la vida. De sus vidas.

Toma de su mochila una carpeta y comienza a escribir. “Despertar, ir al trabajo, comer, enlazar vínculos con personas que no nos importan, adquirir cosas que no necesitamos, cenar, dormir.” Juan lo relee y realiza un gesto de disgusto, toma un encendedor y quema este papel. A la misma temperatura en que se funde el silencio y el amor.

Nazareno.
 

2 comentarios:

  1. Gracias por compartirlo, me ha gustado mucho.
    ;;-)

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  2. Creo que precisamente corren para no pensar ni cuestionarse nada, el detenimiento exige cierta meditación. El texto me ha parecido un buen comienzo, y lo digo así porque me habría gustado leer un poco más. ¡Saludos!! ;)

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