14 de junio de 2016

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Ocaso deseado


Navegando en esta tarde por el lago del pueblo, me siento triste pero tranquilo a la vez, la tarde es perfecta, además brindan un ambiente cálido esos dos soles que aún no se resguardan detrás de la montaña, el primero de ellos tiñe todo el lugar de colores vibrantes y fuertes, al igual que le otorga a mi piel este tono tostado.

El otro sol, tú, ser que ha iluminado mi caminar, mi sentir, mi pensar desde hace ya mucho tiempo.

No es necesario mover ni un poco los remos pues el viento me aleja cada vez más de las espigas de trigo que se encuentran en la orilla.

Observo mi reflejo en el lago y a un lado, nada…

Aquí en la tranquilidad absoluta del atardecer te observo por última vez, tocándote, sintiéndote como nunca lo pude hacer, tu blanca piel, tu pequeña nariz, tu cabello negro… me acerco lentamente para a esos labios, antes fruta deseada y prohibida, tratando de besar cada gota de perfume, risas y lágrimas que quede en ti, hasta arrancarte el último suspiro.

Una ráfaga de despedidas pronuncio, después, uno de los soles se esconde en el fondo del lago.

Observo mi reflejo de nuevo en la calma y por fin a un lado estás tú, solo que yo soy un reflejo en el agua, el cual se alejara en la vieja balsa y tú te quedarás por siempre, en el fondo, esperando mi regreso, como yo siempre te esperé.

Jenifer Roa




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