16 de julio de 2016

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Quiero vivir lo que ya viví


Cuando te vi instantáneamente observé lo particular de tu figura, no muy alto, no muy flaco, tu pelo parecía un poco desprolijo, incluso recuerdo haberte escuchado decir que no te peinabas nunca, riéndote como si tu indiferencia respecto de tu aspecto no fuera algo tan casual.

Bailabas como si ser el centro de atención hubiese sido una de tus principales prioridades, aunque a pesar de eso te escondías e intimidabas cuando una chica intentaba hablarte. La verdad no supe interpretarte. Lo que si supe desde ese instante es que deseaba con mis mayores fuerzas que agarres mi mano y nos vayamos de ese asqueroso lugar.

No fue tan fácil hacer que te des cuenta de mi gran pero disimulado interés, creí haberte mirado con entusiasmo varias veces, sin obtener ninguna respuesta física, motriz, señal de humo, nada en respuesta. Transcurrió la noche entre bailes patéticos y vergonzosos en mayor frecuencia. Entre vasos de vino y gotas que saltaban del el, divertidas, en dirección a los atuendos especialmente escogidos para la ocasión. Pensé en ese momento, que hasta el vino podría llegar a pensar lo idiotas que nos ponemos cuando lo tomamos; ahí fue cuando me di cuenta que yo tampoco respondía de mis actos y que si seguía tomando podía terminar de narices al piso, perdiendo mi corta posibilidad de conquista.

Fue en ese preciso momento que paso, al fin te diste cuenta, pensé, al fin!, en una mezcla de cansancio, ebriedad y ansiedad. Tal vez deba atribuirle al vino que hayas venido a hablarme, y a que sin darme cuenta nos hayamos dado un suave beso, con un previo juego en el cual vos soplabas mi ojo y yo actuaba adolorida por una molestia que no podía sacarme. Segundos después tome tu mano, y ya no pude desprenderme; en ese momento pensé, es mío, con tanta seguridad que no recuerdo si era yo.

Las historias de amor comienzan de las maneras más raras, estúpidas y retorcidas que podamos imaginar. Esta es una, muy breve e incluso hasta infantil, es más, en un punto lo éramos; pero no por eso menos profunda. Esta fue la única vez que amé. Dado ese comienzo uno podría pensar que no duró mucho, por el contrario los momentos de felicidad fueron eternos en mi mente, y todavía están allí más allá de la distancias. Es que el primer amor verdadero es único, y a veces tan único que te hace pensar que jamás vas a encontrar siquiera algo que tenga una pizca de esa sensación.

Ale Flores
http://secuelasdeflores.blogspot.com.ar/

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