13 de agosto de 2018

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Me repartes un recuerdo, ¡por favor!


No era tarde, tampoco temprano. No tanto para salir corriendo de mi casa con el temor a llegar tarde y ganarme otra vez una llamada de atención. Cabe mencionar que, con mi ya casi habitual impuntualidad, estoy rozando el límite y en una de esas me echan a la calle con todas mis cosas, si es que estas “cosas” pueden llamarse así y acceder a esa categoría, ya que mis compañeros mas bien las llaman porquerías. No todo en mi trabajo es malo, hay días que para despertarme trato de visualizar esas escasas cosas que podría decir como buenas, pero reflexionando un poco más, termino solo con cosas menos malas y hasta aquí termino con eso.

Mas bien escribo estas palabras para hablar de otra cosa, la verdad no sé por qué mi impuntualidad y mis cosas serían tan relevantes como para ser el inicio de este relato, pero ahí están y no pienso borrarlas aun que mi mente tan alocada insista en hacerlo. Me pasan mucho este tipo de cosas. Pretendo hacer algo, pero mi cerebro me juzga y en ocasiones me gana, otras no.  Detesto cuando me gana, ya que la razón es cosa seria, estoy tan seguro de que mi cerebro no se divide en hemisferios, como los que saben lo dicen, mas bien yo creo que está separado por lo serio o solemne y lo no serio o coloquial, así de fácil y sin tanta cosa. Me queda claro que la división lógica sería mitad y mitad, pero en mi caso, y creo que en muchos más casos de los que la gente sabe o quiere saber, es ochenta veinte. Ósea, me explico mejor aclarando que ochenta por ciento lo no serio y veinte por ciento lo serio. No al revés como tal ves pensaron que estaba apuntando. No me desvío y les explico a dónde quiero llegar con lo de mi cerebro, la idea es que me entiendan las batallas que mi parte seria tiene que librar, con esa minoría a logrado que lleve una vida rutinaria, ya saben lo típico como estudios, trabajo y pagar la cuentas, pero hasta ahí…. Eso de aceptar cabeza y tener esposa e hijos no le basta, para ello creo yo que mínimo con el treinta. Soy joven aun así que no descarto nada (aclaro que esto último no lo escribí yo).

Recordaba las cosas buenas de mi trabajo, ahí es donde quiero llegar y por una u otra razón solo me desvío, han de pensar que soy un desastre y no tengo idea que escribir y solo ando redondeando frases para hacerme el interesante, aunque les confieso que algo hay de eso. En realidad, todos nosotros lo hacemos. Solo tecleamos y tecleamos cosas para que el conteo de palabras que nuestro aliado y querido Word nos marque y así poder presumir las miles de líneas y palabras que escribimos. Por favor no me juzguen aún, solo esperen y veamos si logro llegar o no, les adelanto que la mayoría de las veces no llego.

¿Ya les platiqué de mi nuevo trabajo? ¡No, verdad! Tantas palabras y no le dije eso… en serio que soy malo en esto. Bueno pues soy repartidor de recuerdos. Si exacto: de recuerdos, leyeron bien. Y por si no saben que es un recuerdo, pues es todo aquello que guardamos en nuestra memoria que no nos acordamos y dejamos ahí guardado en la parte seria. Almacenado y ocupando lugar que impide espacio para más. Por eso al recordarlo lo ponemos en estado neutral desocupando lugar y dejándonos pensar un poco más serio. No me mal entiendan, yo soy el primero que deseo que mi parte seria esta llena hasta no poder pensar más, pero al final las cosas no funcionan así y nada que hacer con ese tema. Pero como mi trabajo no es aleccionar a nadie y ni pretendo hacerlo voy a dejar de hablar de esto y mejor les cuento más de mi trabajo.

Como yo somos varios, mas bien lo fuimos y como tal ahora nos encontramos en este estado neutro. Podemos ver cosas que ustedes no. Tal vez con esto y con su buena memoria regresan al principio y se cuestionan quien ese ese jefe por qué se requiere puntualidad. Pues se lo aclaro fácil: es un trabajo. Todos tienen horario y jefe. Bueno obvio algunos si eres muy afortunado no.  Mi jefe a su vez tiene otro jefe y así sucesivamente hasta llegar a quien sabe dónde.

Mi problema es que tengo el sueño pesado. Siempre tuve allá y ahora lo he tenido aquí. Ese es mi gran defecto y la razón principal del por que me hallo en este estado y en este trabajo. Lo que me reclutaron están muy al tanto de quienes podemos ser parte de este leal escuadrón de recordantes profesionales desde que fuimos usuarios del servicio. Y, yo si lo fui y por muchos y muchos años. Mi problema y disculpen si soy repetitivo (llevo 828 palabras… son pocas.) es que mi sueño pesado me metió en tantos problemas de los que me era difícil salir hasta que el último no salí más dejándome hasta aquí. No es que era muy activo como para quedarme dormido donde fuera, la realidad es que mi cuerpo era pesado. No por el tamaño, nada más me costaba trabajo moverlo de más. Y mis párpados era los mas pesados, mantenerlos abiertos era un verdadero reto. Y así podría quedarme dormido en cualquier lugar ante cualquier situación. Lo bueno de llevar una vida con más horas de dormir de las que están destinadas es que la parte seria del cerebro está mas activa, aunque les suene incongruente así es ya que dormidos no pensamos en tonterías ni locuras solo soñamos pedacitos de lo que recordamos de lo que tal vez vivimos. Yo dormía mucho y vivía poco, así fue como se me paso la vida y no viví poco, más bien dormí mucho. Disculpen la redundancia, pero si es importante aclarar esto, y si eres de los que duerme mucho y vives poco como yo, pues ya sabes que después puedes aspirar a este trabajito y si eres de los que duerme poco y vives mucho, pues felicidades.

Cada cosa tiene un motivo, mi cosa como la de ustedes también y si me escondo para escribir esto mas vale que sea aprovechado y logre explicar por que pasa lo que pasa cuando de repente y así de la nada nos viene a la mente algo que pasó o pudo pasar. Verán este trabajo es constante, solo que nos dividimos por turnos para poder descansar. Es lógico que un grupo de dormilones lo requiera ¿no creen? No éramos precisamente atletas…  Bueno ven, ahí me desviaba otra vez. No llevo mucho tiempo en esto y con exactitud me es difícil saber cuánto, aquí contamos diferente. Cambié hace poco, ya que soy de los mensajeros jóvenes y con poca experiencia. Lo bueno es que me tocó un gran tutor quién, además de ser condescendiente con mi impuntualidad, me explica con calma bien esta labor para no causar algún mal recuerdo innecesario. Por que los malos recuerdos duelen y si algo me quedó claro de cuando sentía, era lo desagradable del dolor. Es peor causarlo que sentirlo, si eso lo tenemos claro desde allá, seremos mejores mensajeros. Y si  tenemos que hacerlo es por que era necesario y ese dolor tenía que ser sentido, y así las cosas.

No era tarde ni temprano, pero ya por andar perdiendo el tiempo en esto se me hizo tarde, otra vez. De verdad que mi mente, que es ahora lo único que me queda, divaga y se va y viene. Como deseo poder dormir mas y así no estar pensando en tantas tonterías. Me espera un regaño eso es claro, más bien me espera otro regaño a manera de llamada atención. No crean que soy uno de esos descarados que saben que hacen mal y no les importa. Este trabajo es bueno y no quiero perderlo. No creo que se de las cosas que puedes perder. Además, es bonito ver los rostros de la gente que recuerda, y como dice mi tutor: recordar es vivir de nuevo.

No me olvides.





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