25 de diciembre de 2018

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Día de Reyes


Es la víspera de Reyes Magos y Camila ha colocado su carta en los pies del árbol de Navidad, árbol color plata que cada año adornan con muchas luces de colores y esferas de todo tipo frente a la gran ventana del comedor, que también es sala y por las noches se convierte en la recamara de su mamá. La carta tiene un dibujo de Melchor, Gaspar y Baltazar, decidió dibujarlos sin su respectivo transporte porque Camila no es muy talentosa dibujando y no le sale muy bien la trompa del elefante, ni las jorobas del camello y el caballo parece más bien un perro. Para no ofender a los animalitos, Camila dibujó solo a los pasajeros.

Al lado de su carta están las de sus hermanas. Cada una ha dejado un dibujo para los magos pensando en no solo pedir regalos sino en dejarles algo en agradecimiento.

Son las 7pm y Camila y sus hermanas se han ido a la cama, la hora normal de ir a dormir oscila entre las 9:30 y las 10:00 pm pero no todos los días son Día de Reyes, este día es el más emocionante de todos, quizás el más importante para todos los niños del mundo y Camila lo sabe. Su madre les da instrucciones precisas de ir a dormir antes de que se haga tarde, es muy importante que cuando los Reyes lleguen, ellas duerman o estos no podrán entrar a casa a leer sus cartas y dejar sus regalos. 

Ya en la cama el tiempo pasa muy lento, entre ellas hablan, platican lo que harán con sus juguetes, imaginan que no solo les toca uno y que a lo mejor a los Reyes les parece bien dejarles dos a cada una o quizás tres y ¿Por qué no? Se preguntan, finalmente ellas se han portado bien que es la premisa más importante para que el 6 de enero amanezcan o no los juguetes solicitados en la carta. A Miriam su prima le traen muchas cosas y Camila y sus hermanas no creen que se porte tan bien, así es que es probable que esta vez los Reyes ya no se equivoquen como el año pasado y dejen los juguetes justos a cada quien.

Su mamá ha entrado a llamarles la atención y a asegurarse de que duerman o no llegaran los Reyes Magos a su casa. Los niños no pueden verlos o se rompe la magia, es necesario que estén dormidos para que los Reyes puedan entrar a casa. Con los adultos no hay problema porque ellos les pasan el reporte de cómo se portaron los hijos en el año, así es que la mamá de Camila tiene que esperar a que lleguen, pero las 3 niñas deben estar dormidas.

Finalmente, las niñas han sido vencidas por el gran Morfeo. Se respira total calma. La hermana mayor habla entre sueños sobre la Barbie quinceañera que le trajeron los Reyes Magos. La madre se acerca a la cama a preguntar entre susurros si alguien está despierta. Nadie contesta.

Confiada, abre la puerta del pequeño ropero que ha cerrado con llave, entre sombras saca uno a uno los tres juguetes que ha comprado en el tianguis navideño de la colonia. Camila despierta y un tanto confundida escucha que alguien está moviéndose en el pequeño cuarto que comparte con sus hermanas. Espantada y con los ojos muy abiertos trata de ver si es un fantasma. Con tantas historias de terror que le cuenta su abuelo, Camila vive todos los días espantada rezando para que la llorona no se meta por la ventana o el diablo no aparezca a los pies de su cama.

Ve a su madre saliendo de la recámara y se levanta tras ella, recuerda en ese momento que es noche de Reyes. Emocionada sale a ver si los regalos ya están en el arbolito de navidad. Con vista nublada por la luz de la sala, ve a su madre con una caja en las manos que dice “juego de química”, eso fue lo que pidió a los Reyes la hermana mayor de Camila. La pequeña se mantiene en silencio mientras observa. De la bolsa de plástico que está en el piso, su mamá ha sacado la Barbie Malibú que pidió su hermana mediana y también está es colocada en los pies del árbol a un lado del juego de química. Finalmente, la madre saca de la bolsa la muñeca patinadora que Camila ha pedido en su carta y su madre la acomoda al lado de los otros dos juguetes.

Camila regresa de puntitas a su cama y despierta a sus hermanas. Con voz apenas audible les cuenta a las dos niñas adormiladas que los Reyes Magos sí son los papás como su abuelo ya les había dicho. Jesy, la hermana mediana, está medio dormida y no contesta nada, Maribel la hermana mayor reacciona muy enojada y se levanta muy determinada de la cama. Entra a la sala y asombra a su madre que en ese momento ya tomaba su café bien caliente porque tibio no le gustaba.

No le pregunta a la madre si es verdad lo que Camila dice, no, para sorpresa de Camila, Maribel la acusa de husmear en silencio e inventar que los Reyes no existen. Le dice mentirosa y también chismosa. Jesy se ha levantado también y empieza a llorar muy fuerte al parecer decepcionada de que los Reyes en realidad son su mamá o puede ser que llorara porque Camila pudiera haber inventado algo tan triste como eso o tal vez porque la despertaron y estaba ahí parada temblando de frío y llorando como si su hámster se hubiera muerto, pero el hámster al parecer estaba bien. Camila empieza a sentirse muy nerviosa y mira con sus pequeños ojos muy abiertos y muy redondos a su hermana llorando y a su otra hermana acusándola de mentirosa y a su mamá, en realidad de su mamá no sabe que pensar ni de lo que estará por suceder.

La madre les dice que los Reyes han llegado y que abran su regalo. Camila está titiritando de frío y de nervios y de miedo, pero se acerca al árbol en silencio a tomar a la muñeca patinadora. Ahí estaba la muñeca, con los patines color plata y sus rizos amarillos, mostrando una gran sonrisa con unos dientes muy derechitos y muy blancos. El corazón de Camila late emocionado, no puede creer que por primera vez los Reyes le han traído exactamente lo que ella pidió y no lo que ellos quisieron como le ha pasado otros años. La pequeña se agacha a tomar su regalo que está aun dentro de su caja, justo antes de alcanzarla con sus dos manitas, su madre se ha adelantado y ha tomado a la muñeca poniéndola en lo más alto del librero mientras le dice a Camila que está castigada. No podrá abrir su regalo hasta el próximo sábado, eso significa que no saldrá el jueves 6 de enero a jugar con sus vecinas, ni irá a casa de sus primas, ni estará en la calle como todos los niños hacen el Día de Reyes. Sus hermanas tienen ya sus juguetes en la mano, los están abriendo y hablan muy fuerte llenas de emoción y entusiasmadas. Es día de Reyes, el día más importante del año para Camila y sus hermanas. Camila las mira con los ojos llenos de lágrimas. No cree que Maribel su hermana sea tan mala y la haya traicionado. Tampoco cree que su mamá sea capaz de castigarla por decirle a sus hermanas lo que vio y lo que sospechaba.

Ha amanecido y Camila va con su abuelo a preguntarle si es que los papás son los Reyes Magos, el abuelo le responde -Ya te dije que sí y que el ratón que te trae dinero por los dientes también-.


Lizeth Luna


2 comentarios:

  1. Me gusta mucho tu relato, sobre todo porque trata del precio que ha de pagar quien descubre la verdad. Una metáfora de la vida muy interesante.
    Saludos
    ;;-)

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    Respuestas
    1. Hola Inmaculada, muchas gracias por tu comentario, se siente muy bien que alguien te lea y opine. Muchos saludos.

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